TUYOMASYO BLOG

lunes, 10 de octubre de 2016

RENÉ RODRÍGUEZ | El ADN del color



Por Jorge Mata




En primer plano Pedro de Oraá, Premio Nacional de Artes Plásticas

a su lado René Rodríguez, en la Presentación de la muestra

Imagen por cortesía de Jorge Mata




El color es la forma más inmediata de comunicación no verbal.”1 Los colores inundan todo lo que nos rodea, cada ser vivo los percibe de distinta manera. Inclusive existe el caso de personas ciegas, capaces de percibirlos. En cambio, son mayoría las personas quienes teniendo ojos saludables y bien abiertos desperdician el don de apreciar las infinitas sensaciones encerradas en un sólo destello de luz.



Hay colores que nos remiten a la infancia, otros nos pueden salvar la vida.


Hemos desarrollado una cierta comprensión del color que nos lleva a reaccionar ante él de forma instintiva, en parte porque de ello dependía la supervivencia de nuestros antepasados, que a partir del color sabían qué debían comer o evitar.”2

  
Por tanto en nuestro desarrollo evolutivo y cultural, intuitivamente, el color se relaciona estrechamente con nuestras preferencias personales y nuestra personalidad. El conocimiento de su simbologías, también es utilizada por los poderes fácticos para despojarnos de nuestra singularidad, en el afán de supeditarnos y convertirnos en una masa gris moldeable sin identidad propia, más allá de la dictada.




Veinte colores para rediseñar el arco iris, 2016

De la serie El Libro de Job, Acrílico sobre lienzo, 59 x 59 cm

Imagen por cortesía de Jorge Mata




Es ahí donde los obras congregadas por René Rodríguez (1966, Santa Clara, Cuba) en su exposición personal El libro se Job, alcanzan su mayor trascendencia. René Rodríguez es un creador netamente conceptual. Ahora se acerca desde las ideas a la abstracción. Condensa los significados implícitos en las combinaciones de colores empleadas en sus lienzos y expande sus significados. Para ello se hace servir de distintas herramientas y metodologías pictóricas, con las que trasmitir eficazmente su mensaje. A diferencia de otros artistas del panorama cubano, René Rodríguez aborda cada obra con minuciosa delicadeza. No hay detalle que escape a su riguroso escrutinio. Todo cuidado es poco, la trascendencia de las ideas debe ser proporcional a las obras derivadas de las mismas. Rasgo que se agradece en una realidad donde la chapucería se ha convertido en la norma, incluso dentro de las artes plásticas.



El propio artista, en la inauguración de su muestra nos decía: “Pero, si esto puede hacerlo cualquiera, un poco de cinta adhesiva y acrílicos, ¡aquí no hay más…!” Su expresión refleja la parte humana del artista. Lejos de sentirse eclipsado por su innegable talento, nos invita a compartirlo. En verdad, mucho pudiéramos seguir sus pasos y arremeter contra lienzos con cintas adhesivas y colores, pero dudo mucho que logremos siquiera el acercarnos un tantito a la perfección reflejada en cada una de tu piezas. Hoy me miro en su espejo y me reconozco como su antítesis, aun desando lo mismo que Rodríguez.



En nuestro extraordinario trabajo somos sujetos soberanos, “lideres de nosotros mismos”, creadores de sueños, de lenguajes, de esperanzas aun nutriéndonos de la realidad más inmediata. Para cualquier creador es sumamente complejo separar el trabajo de su entorno, sin llegar a ser un alienado.

  
Esta estructura de pensamiento es llevada al extremo por otro notable creador conceptual contemporáneo, Wilfredo Prieto, quien también vincula sus creaciones al contexto vivencial: 


«En mis obras, siempre pretendo descubrir “contenidos” que ya están “contenidos” en la realidad. Por eso me gusta decir que soy un “artista realista”, no en el sentido academicista, sino porque hablo de la realidad desde ella misma. »3




Vista general de la muestra.

Imagen por cortesía de Jorge Mata




René Rodríguez parte en principio, de un pensamiento afín al expuesto por Wilfredo Prieto aunque difieren en sus procedimientos. Rodríguez también descubre contenidos en la realidad inmediata, pero no la exhibe tal cual. “La mastica y la traga”, luego la regurgita sintetizada. Cuando nos comenta que sus obras pueden ser realizadas por cualquiera, las despoja de su impronta personal. Esa que muchos suelen llamar “original” como sinónimo de único e irrepetible. Singularidad muy apreciada por coleccionistas y el mercado del arte en general; exacerbada al extremo como culto al don personal que implanta la necesidad de poseer bienes preciados, exclusivos y caros. A diferencia de Prieto, René Rodríguez utiliza materiales y elementos considerados tradicionales en las artes plásticas. Las obras expuestas en El libro de Job son trabajadas en su totalidad en acrílico sobre lienzo, pintura al natural, ejecutadas con paciencia Made in China, pero manufacturadas en la barriada de 10 de Octubre.



¿Qué hace distintas las obras expuestas en El libro se Job a otras similares? La idea desde luego, los conceptos hilvanados por su autor como un enorme tapiz; en el cual las vidas de cientos de personas se nos insinúan, silenciosas y genéricas. René Rodríguez se inspira en los colores de la amplia variedad de uniformes existentes en nuestro país y que son empleados por distintos organismos, instituciones de masas, estudiantes, fuerzas de seguridad, agentes de telefonía, militares, personal de salud, inspectores, fumigadores, agentes de turismo, tenderos, gastronómicos, etcétera … 



Inventario (todo se písela cuando lo miras bien de cerca), 2016

De la serie El Libro de Job, Acrílico sobre lienzo, 130 x 130 cm

Imagen por cortesía de Jorge Mata




La instauración del uniforme acompaña a los cubanos desde los mismos inicios de la Revolución, a diferencia de los utilizados por el personal de empresas - en sociedades de consumo capitalista- cuyo  fin es mantener una imagen corporativa distintiva, entre sus competidores. Los nuestros apelan a cuestiones “más humanas”. Su función esencial es la de masificar, visualizando el consabido eslogan ideológico de ¡Todos somos iguales!, elemento que desde luego es muy antinatural.



El uniforme no solo tiene como función la identificación rápida y sencilla de nuestra labor y organización a la cual pertenecemos. También acentúa la autoridad o la pertenencia a un grupo determinado. Esa inmensidad simbólica comienza en la más tierna infancia, al convertirnos en pioneros -estudiantes de primaria. Todo cubano, niño o niña debe vestir obligatoriamente su primer uniforme. Es allí en la escuela donde comienzan a educarnos en la importancia de pertenecer al grupo, identificar los símbolos, respetarlos disciplinadamente y amar los colores asignados por otros como nuestros.  Es el principio de un camino que todos debemos recorrer, donde se anula de manera eficaz cualquier elemento que nos haga diferente a nuestros compañeros. A la sazón del tema, otro lema nos viene a la cabeza: "Con todos, y para el bien de todos".4



La diferencia sustancial, con nuestros vecinos capitalistas, reside en nuestra sobrevivencia victoriosa a la debacle del socialismo real. Seguimos en nuestra isla, alejados de todos, resistiendo firmes con “la maldita circunstancia del agua por todas partes” como diría Virgilio Piñera en La isla en peso. Este aislamiento natural ha permitido el florecimiento de un pensamiento paternalista que lejos de revestir con imaginación nuestro tropical y colorido entorno, favorece una gama de colores antinaturales, grises y fríos, sin sustancia e indefinidos utilizados en nuestros monótonos y pocos creativos uniformes. Al modo de Job -el ganadero bíblico- los cubanos exteriorizamos nuestra lealtad e integridad divina cada día enfrentándonos a una realidad hostil, desguarnecidos ante una crisis endémica o ante la pérdida de valores, la doble moral, las necesidades primarias y todo tipo de penurias existentes en esta, la tierra prometida. ¿Nuestra penitencia tendrá recompensa? Por su puesto que sí, no sean impacientes. La fe como a Job, siempre nos salva.


En la muestra se pueden apreciar bajo el sugerente título de “Genética”, una instalación conformada por diez piezas que dan origen a la serie expuesta por René Rodríguez. Antes de ampliar los horizontes de los significados implícitos en los colores de los uniformes, el creador bebe de otros símbolos como las medallas.


(…)Al ver un militar uniformado en la calle, no pude evitar fijarme en su medallero. Él oficial llevaba con orgullo en su pecho, un enorme cuadro abstracto, conformado por placas de colores distribuidas de forma armónica y atractiva.5


Según nos cuenta el artista, esa fue la chispa que encendió la mecha. Rodríguez comenzó a elaborar distintas ideas. Utilizó la escala y se agenció del listado completo de medallas entregadas en nuestra nación, los motivos, la simbología de sus colores y una cosa fue llevando a la otra.


  (…)Las primeras obras no fueron pintura, sino collage, realizados con cartones de colores precisos. Hice tres piezas, pero necesitaba otro acabado. Es ahí, donde la pintura entra en escena. 6


 Pintar le permite expandir los formatos, mezclar los colores deseados, acercar más los cuadros resultantes al espectador sin la mediación del cristal. La pintura también le sirve de terapia, calma su insaciable sed creativa, obligándole a ser paciente y velar por acabados exquisitos. Luego llegaron las piezas en conjunto, las investigaciones formales, el taller, laboratorio desde el cual nuestros sueños convierten la realidad en arte.





Genética, 2016

Instalación de la serie El Libro de Job, Acrílico sobre lienzo, 248 x150 cm

Imagen por cortesía de Jorge Mata





Al ver las piezas de René Rodríguez la sensación primaria es de extrañeza. Un pintor en sus cabales jamás pondría verde olivo junto a rojo bermellón, esas disonancias nos da pistas sobre su intencionalidad. Desde luego, no son colores elegidos al azar ni tampoco se ubican fortuitamente. Curiosamente, la extraña belleza de sus cuadros genera en los espectadores sentimientos “confortables”. Sus colores estridentes nos son familiares, si bien el creador los emplaza vinculados o en las combinaciones utilizadas por las vestimentas originales ¿por qué no los reconocemos de inmediato? Sencillamente están fuera de contexto. Lo emotivo se debe al background que todo cubano tiene en su relación con determinados colores preestablecidos y asociados a diferentes estados de ánimo, emociones, recuerdos.




De izquierda a derecha, Afonía y Trama, 2016

De la serie El Libro de Job, Acrílico sobre lienzo, 130 x130 cm  y 152 x148 cm

Imagen por cortesía de Jorge Mata





Los títulos sin duda alguna cierran un círculo. Hacen de los colores normativos un canto a la esperanza, argumento para obras como Veinte colores para rediseñar el arco iris y Afonía, ambas son caras de una misma moneda. La primera pieza parte del expreso deseo de soñar, de reconstruir lo intangible, las utopías (esencia atómica de un “futuro próspero y sostenible”). La segunda, encierra un grito iracundo y asfixiante. El color blanco símbolo de “pureza” inquieta que nos ciega como la luz, devorando las alas de una mariposa cegada por su brillo. Lo más conmovedor permanece en su belleza. A pesar de ser obras, en su conjunto nacidas de una realidad alterada, irradian optimismo y seducen al espectador. Las piezas resultantes del ejercicio reflexivo de Rodríguez navegan como islas hermosas, dentro de otra isla :“dulce por fuera y muy amarga por dentro”.7 ¡Bienvenidas sean!



En su constante investigaciones René Rodríguez brinca de un itinerario a otro, en decididos saltos al vacío. Algunos puristas de las bellas artes desaprueban dichas actitudes porque los límites del artista cambian en cada muestra y es más difícil seguirle los pasos que encajonarlo entre etiquetas. Nosotros en cambio, vemos en todos sus trabajos un camino persistente. Difieren tan solo, en sus puestas en escena. Al final, todas las obras de René son emanadas desde su percepción personal sin importar cuan tradicional, industrial o tecnológicas puedan ser.



Con la muestra El libro de Job, René Rodríguez escribe en renglones torcidos nuevas oraciones en su vademécum personal. Sin abandonar su esencia expone diversas longitudes de ondas luminosas, sujetas a normas culturales y perceptibles en el ADN de los colores dominantes. Connotaciones ocultas a nuestra vista, bajo el manto de la abstracción. Las combinaciones de colores propuestas por Rodríguez crean reacciones reflexivas sobre las blancas paredes de la Galería Casa 8, situada en el Vedado habanero. En dependencia de vuestros puntos de vista, bien podrían ser homenajes o todo lo contrario.



Santa Amalia, Verano de 2016

La Habana, Cuba.


Otras imágenes de la exposición El libro de Job



René Rodríguez  al frente de una de sus obras

Imagen por cortesía de Jorge Mata



René Rodríguez y Pedro de Oraá, Premio Nacional de Artes Plásticas

Imagen por cortesía de Jorge Mata
  


De izquierda a derecha, Dos horas hablando sobre lo mismo I y II, 2016

Instalación de la serie El Libro de Job, Acrílico sobre lienzo, 190 x190 cm cada una

Imagen por cortesía de Jorge Mata



 


El Libro de Job II, 2016

De la serie El Libro de Job, Acrílico sobre lienzo, 70 x 58 cm

Imagen por cortesía de Jorge Mata





Mecanismo, 2016

De la serie El Libro de Job, Acrílico sobre lienzo, 73 x 73 cm

Imagen por cortesía de Jorge Mata







Inauguración de la muestra

Imagen por cortesía de Jorge Mata




Vista general de la muestra.
                                                     Imagen por cortesía de Jorge Mata



 Desde Tuyomasyo agradecemos a René Rodríguez, por dedicarnos su valioso tiempo y brindarnos toda la ayuda necesaria para llevar a buen termino este Post. No olviden dejar sus comentarios.

Agradecimientos:

A Grettel Conde Corral, por su paciencia al editar nuestros textos.


NOTAS:


1.- Ambrose, Gavin & Paul Harris: Color, Parragón Ediciones, Barcelona, España, 2006, p.6.



2.- Ibídem.



3.- Guardiola, Javier Díaz: Wilfredo Prieto: «Podría venderle el “vaso” a un euro a quien demuestre que su concepto es fallido», Madrid, España. 2015.

http://www.abc.es/cultura/arte/20150306/abci-entrevista-wilfredo-prieto-artista-201503052040.html



4.- Discurso pronunciado por José Martí en el Liceo Cubano en Tampa el 26 de noviembre de 1891. El señor Francisco María González lo tomó taquigráficamente y después fue reproducido bajo el nombre de “Con todos y para el bien de todos” y distribuido en hojas sueltas.



http://www.damisela.com/literatura/pais/cuba/autores/marti/discursos/1891_11_26.htm



5.- Entrevista con René Rodríguez en su estudio, La Habana, Cuba. 21 de junio de 2016.



6.- Ibídem.



7.- Guillén, Nicolás. Fragmento del poema Mi patria es dulce por fuera, recogido en el libro Palabras para Nicolás Guillén. Ensayo Nicolás Guillén y la identidad cubana de Denia García Ronda, Cátedra de Cultura Cubana Nicolás Guillén. Gabinete del Rector de la Universidad de Castilla-La Mancha. Ciudad Real, España. 1999 p.68.