miércoles, 17 de marzo de 2010

Salvador Corratgé | PINTOR CONCRETO




Abstracción en Azules y Violeta, 1992.
Serigrafía / Papel, 700 x 503 cms



Salvador Corratgé, pintor concreto

Por François Vallée

La pintura no está hecha para transmitir un mensaje, es una zona de sensibilidad, de espiritualidad, una presencia, la proyección de un silencio expresivo, como lo atestigua la obra pictórica que Salvador Corratgé ha elaborado con una constancia indefectible desde hace más de cincuenta años, esta pintura concreta que es una andadura estética y espiritual.



Nueva unidad formal plana abierta en tres fases distintas sobre un punto de apoyo, 1961.
óleo / tela, 124 x 153 cm


En el ámbito y en el territorio del arte concreto cubano (iniciado por Carmen Herrera, seguido por Mario Carreño, Sandú Darié, Luis Martínez Pedro e irradiado por Loló Soldevilla con el grupo Diez Pintores Concretos a finales de los cincuenta), la obra de Corratgé es ejemplar por su brillantez, su rigor, su exigencia, su continuidad, su exclusividad. Desde su primera exposición en 1951, Corratgé se sitúa con una constancia obstinada y pertinaz en el corazón del problema de la representación, el único problema con el cual un artista ha de forcejear. Para él, la pintura que intenta copiar las formas de la naturaleza no puede dar cuenta de lo que es la naturaleza, el artista no debe imitarla en sus apariencias sino en lo más profundo de sus leyes y esta reducción del lenguaje pictórico a la “concreción” es una manera de expresar esta búsqueda. Este artista siempre ha sido fiel a los principios de una creación elaborada en la exploración e indagación incesantes de una pintura que optó desde el principio por la línea, el círculo, el plano y el color como principios exclusivos, rechazando así cualquier referencia a lo anecdótico y prefiriendo condensar el pensamiento a través de formas primarias no modeladas a partir de un objeto real y por tanto tan concretas o sensuales como una hoja o una piedra, en el espacio de la tela. Corratgé pinta para ver claro. El suyo no es un arte improvisado ni de imaginación, sino de conocimiento.


Abstracciones Geométricas, 1968. Serigrafía / Papel, 506 x 374 cm



Boceto Nº. 1


La pintura concreta, este arte de la geometría y de la precisión formal que constituye la tendencia más rigurosa de la abstracción por su concepción racional y matemática, por su metodología objetiva y mecánica de la construcción y por su oposición a cualquier manera de representación formalista, naturalista o simbólica, representa, muestra lo que es, no señala más que su sola presencia, sólo remite a su propia realidad, no tiene otro significado que sí misma, es decir el orden estricto de un lenguaje puramente plástico y analítico constituido por planos, líneas, superficies y colores. Esta pintura no reproduce la realidad sino que la transpone y la traduce a una dimensión estética, no toma el mundo como punto de partida, sólo se entrega a la búsqueda de formas puras, primordiales, sin ninguna analogía con cualquier posible apariencia de la naturaleza, lo cual hace de ella una pintura despersonalizada y, por lo tanto, universal, accesible a todos los seres humanos, ya que es común a ellos la percepción de hechos visuales puros. Es un signo antes de tener un sentido, su sentido es el signo. “Pintura concreta y no abstracta –decía Jean Arp- porque nada es más concreto, más real que una línea, un color, una superficie. Es la concretización del espíritu creador.”


Boceto Nº. 6


La particularidad y la originalidad de la pintura concreta de Salvador Corratgé es que expresa el ritmo, el espacio, las formas, los colores, la estructura, pero sin prescindir de la intuición, la emoción, la sensibilidad y no sólo según los principios promulgados en 1930 por el verdadero instigador y técnico de esta tendencia, el holandés Theo van Doesburg o por su epígono Max Bill. Nada en el arte concreto de Corratgé es sistemático ni depende de un propósito rigurosamente teórico. Su obra no es austera, cerebral, repetitiva, fría; es jubilosa, sensible, variada, cálida. Corratgé supo trascender el basamento racional del arte concreto y adaptarlo a su idiosincrasia, a su expresión, desarrollando así una obra muy personal no reductible a un movimiento pictórico. Lo ilustran sus cuadros de una diversidad notable que oscilan entre el blanco y negro más depurado y el color más chillón, entre la línea y el punto, el círculo y el cuadrado, infinitas combinaciones geométricas plasmadas con una extrema exigencia. La pintura de Corratgé se ha orientado hacia una geometría más humanizada, se trata de una pintura que alía un profundo sentido del rigor a un deseo de incluir el sentimiento, el gozo, tal como puede surgir en los placeres visuales de sus colores, de sus formas y de sus planos. Su lenguaje pictórico no se reduce a la “concreción”, va más allá a fin de obtener una sonoridad formal y cromática que apela tanto al intelecto como a las emociones para desembocar en resonancias físicas y espirituales. Corratgé sabe que el arte incide en toda la superficie de nuestra sensibilidad y no sólo en nuestro cerebro. En su concepto y práctica del arte, la dualidad forma-contenido está abolida, constituyen un solo hecho indivisible. Su arte es racionalista, procede de una concepción mental que obedece a reglas exactas y precisas sin estar disociado de la pulsación y el color de la vida.





Composición, 1962, óleo sobre tela, 88 x 115 cm
Imagen cortesía de François Vallée





Para más información sobre el artista visite su web en: http://www.salvadorcorratge.com/default.htm

1 comentario:

  1. No conocia la obra de este artista, que buenas obras, me gustan mucho gracias Jorge.

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