lunes, 19 de abril de 2010

Nueva muestra personal en Casa Turquesa Art Epace | AHMED GOMEZ





2010 Riding a Fibonacci sequence.

74 x 70 inches. Acrylic on Canvas.

Avangard Pin up Series.


DULCE COMO EL ALMÍBAR DE CAÑA, AMARGO COMO EL VODKA

(unas notas acerca de la obra reciente de Ahmed Gómez)

Por Omar-Pascual Castillo


Cuando una obra plástica, hablo de una Pintura y/o un Dibujo, funciona comercialmente en el enrarecido mercado del Arte, y esta obra está cercana a las travesías marcadas por el legado revisionista del Pop Art, es frecuente que se manifieste cierto facilismo crítico despectivo que se aplica para denostar su éxito, gracias a su propia “naturaleza Pop”.

Demasiado obvio.

Está claro que el Pop Art “funciona” seduciendo al público, primero: por su relación directa con un imaginario colectivo que subyuga nuestras referencias lectivas y nos hace reconocerlas; segundo: por su estética escueta, simplificadora, por lo general, bella (¿o tal vez debería decir: “correcta”?), nos evoca los dejes representacionales de la academia clásica… pudiéramos decir.

Colores llamativos, textos llamativos, composiciones llamativas… en cambio, tanto efectismo y golpes de brillo de lentejuela pueden deslumbrar e impedir que veamos lo que estas obras son… ¿de qué van? y/o ¿hacia donde se dirigen?

Por otro lado, ¿cuántos artistas han andado ya ese camino y han fracasado en su empeño? ¿Cuántos han derivado en otros menesteres? ¿Cuántos no han soportado la presión de “tanto éxito”?

Total, cuando en definitiva, si de algo esboza un comentario el Pop Art y sus reminiscencias Neo-Pop es de “repetir ilusiones”, espejismos.

Incluso, repetir hasta la ilusión de éxito.


2010 El fin del arquetipo

50 x 51 inches

Acrilyc on canvas


Ahmed Gómez es un artista cubano-americano radicado en Miami, Florida; que sabe de ello.

Es conocedor de la ilusión bellísima del éxito fácil, como caramelo meloso que sabe a dulce pero provoca caries, endulza el gaznate pero destroza el estómago y fastidia el colesterol.

Por ello, juega irónicamente con esa ilusión de belleza exitosa; cuestionando su efectividad en un diálogo infinito de dos tradiciones.

La tradición americana de las Pin-Ups Girls y la tradición europea de la Vanguardia Histórica.

La primera, como paradigma del deseo de un ideal de belleza femenina.

La segunda, como paradigma programático de un cambio estético radical en la concepción del universo del Arte.

Como si contrastase en mismo territorio discursivo la quintaesencia de publicidad capitalista y la quintaesencia de la propaganda comunista.

¿Cómo si fueran muy diferentes?

Lo interesante en el caso de Ahmed es que por su eficiente capacidad resolutiva, desde el punto de vista formal, esquiva la inteligencia soterrada que subyace en su Pintura.

Una vez más, nos deslumbran las lentejuelas, la purpurina, el brillo del efectismo visual. Caemos en la trampa fácil aquel etiquetamiento izquierdoso de que “lo bello es burgués y decadente”. Como si -curiosamente- no lo fuese una foto desenfocada en B&N impresa en 150 X 200 cm sobre papel Ilford baritado. O un aburrido neón rojo, tintineando una palabra gigantesca, que lo único que manifiesta es la manía de grandeza de un escritor frustrado.

Y si lo fuese… así, de decadente ¿cuál es el problema?

¿No se supone que el Arte es un reflejo privado de nuestras realidades sociales?

Ah!... ¿y no estamos sobreviviendo a una crisis global?

El problema es que Ahmed, así de fácil nos saca a la luz ciertas militancias olvidadas por homenajear con sus post-modernas Pin-Ups, el humor del peruano Alberto Vargas, la gracia de Gil Elvgren, o emular el erotismo de Mel Ramos o John Willie; mientras cuestiona la grandeza formal -al hacerla “manierismo decorativo”-, hiper-estética, de los ismos de la Vanguardia.

Y con ello, destruye toda probabilidad nostálgica en su remembranza, cuando la desacraliza como cumbre del Arte, al ponerla a convivir en una situación que casi la ridiculiza con la efervescencia juvenil de sus féminas; mucho más cuando esas reminiscencias abstractas parecen derivativas de manierismos ideo-estéticos desarrollados por Frantisek Kupka, Alekséi von Jawlensky o Robert Delaunay, los grandes puristas de la Escuela Abstracta.


2005 aurora


Un sarcástico camino de apariencia inocentona (“ingenuo el que lo crea”) que igualmente alguno recordará de la primera obra de los noventa de René Francisco (Ven y dame una mano) y Ponjuán, (luego en su muestra: Arte y Confort); donde la Vanguardia -sobretodo la Rusa, pre-Soviética- era puesta en jaque, cuestionada como paradigma o como estado ideal metafísico supremo del Arte de Occidente. Y que en el arte español contemporáneo, tienen su máximo exponente en el Equipo Crónica y en su superviviente: Manolo Valdés.

Algún que otro detractor (quizás para ocultar su propia misoginia) dirá que “ataca a la mujer frivolizándola”, y que esta obra profesa una mirada retrógrada hacia la mujer como “mujer-florero”, y hacia el Arte como mero adorno doméstico.

Cuando en verdad personalmente creo que es más una mirada de “admirador secreto” hacia ambas tradiciones, unidas por una tradición todavía más antigua.

La Pintura.

Como si de Ahmed Gómez demostrara -con estas pinturas- que fundamentalmente disfruta pintándolas; porque en ellas, mezcla varios placeres.

De más está decir que la iconografía Pin-Ups influyó grandemente en el gusto estético sexual del hombre latino hacia la voluptuosidad de una poderosa mujer con curvas.

Nada de anorexias o bulimias.

Una mujer coqueta, segura de sí misma, consciente de su encanto y de sus dones naturales.

Como si el artista disfrutara rozándolas de un modo erótico (carnal), rehaciéndolas para perpetuarlas en su imaginación visual, como realidad pictórica que ahí quedará.

Ahora, siendo embestida, o al contrario, ella embistiendo… al y por el ideal utópico de una varonil abstracción.

Una abstracción -por cierto- banalizada por el enfático ludismo choteante del Pop Art.

Y allí, en este afán didáctico-doctrinario, cansino, repetitivo y obsesivo del Pop, es donde Ahmed se libra de posibles peligros críticos alrededor de que su producción se tilde como “algo” pretensiosamente profundo; porque el regodeo preciso de su control del ejercicio pictórico, sólo denota un dato.

Todo es superficie.

Plano plausible de ser reinterpretado, re-hecho, “deconstruido”; a pesar de que en esta “deconstrucción” haya un matiz analítico de base metódica.

Da igual sean Pin-Ups o Abstracciones Vanguardistas, lo que importa es la Pintura.

Porque ella, la Pintura, es lo que queda.

Y saber de Pintura, y demostrarlo, aun cuando parezca un facilismo -para quienes no la hayan ejercido, los que la han intentado domar, siempre la respetan-; es todo un reto hoy día.

Y éste es un conocimiento, que más allá de los dones del talento resolutivo, sólo se cultiva con el amargo peso de la constancia y la tenacidad.

Así como acostumbramos nuestro paladar a la rispidez del Vodka, trajo a trajo.

Y hacer que ese reto (el pictórico) resulte divertido, locuaz y seductor, es sólo un mérito que algunos logran, Ahmed… entre ellos.

Otros no.


Para mas info sobre el artista visite su web: http://www.ahmedgomez.com/AhmedGomezArtWorks.html




SWEET AS SUGARCANE, BITTER AS VODKA

(Notes on Recent Work by Ahmed Gómez)


1989


When a work of art —I’m speaking of either a painting or a drawing— is commercially successful in today’s rarified art market, and when such work exists in close proximity to the trajectory of Pop Art’s revisionist legacy, a kind of facile, pejorative critique is often made to belittle its success, precisely because of its “Pop nature.” This is too obvious.

Clearly, Pop Art “works” by seducing its audience: first, by way of its direct relationship with a collective imaginary, whose references it subjugates and forces us to acknowledge; and secondly, through its plain, simplifying aesthetics, often beautiful (or perhaps “correct”?), which, it could be said, evoke representational reflections of the classic academy. However, such gaudy colors, such showy text, such flashy compositions such drama and brilliant glitter, can blind us and impede seeing what these works are, where they come from, where they are going.

On the other hand, how many artists have already walked that path and failed? How many have gone off in other directions? How many have not been able to withstand the pressure of so much success?

Basically, the upshot of all this is, if there is one thing that Pop Art and its related Neo-Pop reminiscences delineate, it would be the repetition of illusions, mirages, even the repetition of the illusion of success.

Ahmed Gómez, a Cuban-American who lives in Miami, Florida, knows about this. He is well acquainted with that beautiful illusion of easy success, like molasses candy that tastes so sweet yet causes cavities, that’s sweet on the tongue yet ruins your stomach and wreaks havoc with your cholesterol.

This is why he plays with the irony of the illusory beauty of success, questioning its effectiveness in an infinite dialogue between two traditions: the American tradition of pin-up girls and the European tradition of the historical vanguard; the first as a paradigm of the desire for a feminine ideal of beauty; the latter as a programmatic paradigm for a radical aesthetic change in the conception of Art. It is as if he would contrast (within the same discursive territory) the quintessential capitalist advertisement with the quintessential communist propaganda tool. (As if they were really that different?)

What’s interesting about Ahmed is that due to his capacity for efficiency in terms of formal resolution, he dodges the underlying intelligence beneath his painting. Once again, we are dazzled by sequins, colors, the brilliance of the visual effect. We fall into the easy trap of left-leaning labeling, such as “anything beautiful is bourgeois and decadent,” as if, curiously, that were not also true of an out-of-focus black-and-white print on 150 x 200 cm Ilford gallery paper, or a boring red neon light flashing a gigantic word announcing only the megalomania of a frustrated writer.

And if he were indeed decadent, what’s the problem? Isn’t art supposed to be a private reflection of our social realities? Oh, and by the way, aren’t we living a global crisis?

The problem is that Ahmed, just as easily, brings to light certain forgotten militancies, paying homage through his post-modern pin-ups to the humor of Peruvian writer Alberto Vargas, the grace of Gil Elvgren, or emulating the eroticism of Mel Ramos or John Willie, all the while questioning the formal grandeur of the vanguard’s “isms” by turning them into a “decorative mannerism,” a kind of hyper-aesthetic.

Destroying all possibility of nostalgia in his remembrances, desacralizing it as the pinnacle of art, he forces it to coexist in a way in which it is almost ridiculed by the youthful effervescence of his female figures.

It appears even more so when those abstract reminiscences seem derivative of ideo-aesthetic mannerisms developed by Frantisek Kupka, Alekséi von Jawlensky, or Robert Delaunay, the great purists of the Abstract School.

There is the sarcastic path, which appears naïve (“naïve is he who believes it”), that some will also remember from the first work in the 1990s by René Francisco (Ven y dame una mano) and Ponjuán (a later example, Arte y Confort) where the vanguard —in particular, the Russian, pre-Soviet vanguard— was put in check, questioned as a paradigm, or as the supreme, ideal, metaphysical state of Western art. The greatest exponents of this in contemporary Spanish art are Equipo Crónica and its survivor Manolo Valdés.

One or another detractor (in an effort, perhaps, to hide his own misogyny) might say that he “attacks women by trivializing them” and that the work betrays a retrograde view of women as “flower vessel” and of art as a mere household decoration.

In reality, I personally believe that it’s more the gaze of a “secret admirer” of both traditions, united by an even older tradition, painting.

It’s as if Ahmed Gómez demonstrates with these paintings that, fundamentally, he enjoys painting them because in doing so he combines various pleasures.

Obviously, pin-up iconography has greatly influenced the aesthetics of Latin men’s sexual taste for the voluptuousness of a powerful, curvaceous woman. This has nothing to do with anorexia or bulimia, but indicates a flirtatious woman, sure of herself, aware of her charms and of her natural endowments.

It’s as if the artist himself were enjoying them, copping a feel in his erotic (carnal) contact with them, remaking them in order to perpetuate them in his visual imagination, as a pictorial reality that will remain. Then, she, being charged by the bull, or, on the contrary, she herself charging the bull… toward and for the utopian ideal of a male abstraction.

To be sure, it is an abstraction trivialized by the emphatic, mocking game of Pop Art. And there, in the didactic-doctrinaire, tiring, repetitive and obsessive intent of Pop Art, is where Ahmed sidesteps the potential dangers of a critique that could tag his production as something pretentiously profound, since the very delight of his control in the exercise of painting reveals only one fact: all is surface.

It is a plane that allows for the possibility of being reinterpreted, re-done, deconstructed, despite the fact that this deconstruction may have a kind of analytical hue based in method.

Whether they are pin-ups or vanguard abstractions, what matters is Painting. Painting is what remains.

And to know Painting, and to demonstrate such knowledge, even when it might seem facile —for those who have never practiced it, as for those who have attempted to master it and remain forever respectful of it— is quite a challenge today.

And this is knowledge that, beyond the gift of the talent to achieve a resolution, can only be cultivated under the bitter weight of perseverance and tenacity. It is the same as making our palate get used to the harshness of vodka, shot after shot.

To make this challenge (the pictorial one) fun, expressive, and seductive is an achievement that only a few attain, Ahmed among them.

Others, no.

Omar-Pascual Castillo

Spring, 2010

Granada, Spain

Translated by Eduardo Aparicio and Zoya Kocur

3 comentarios:

  1. Criticar es facil, la mayoría de los crícos-no todos- son artistas frustrados incapaces de escribir un libro o de plasmar una pincelada en un lienzo...VIVA LA CREATIVIDAD¡

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  2. Para nada estoy de acuerdo con lo que dices "Anónimo". No se de donde sacas que los críticos son artistas frustrados. Por lo que se puede leer en tu comentarios, tu si lo eres.

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  3. No lo soy Señor Gerardo.
    Pero admiro la valentía del creador al máximo.Eso es lo que queda, lo demás palabras y vida que se las llevan las circunstancias.
    Estimo que es una buena crítica, luego de reelerla...gracias por hacerme reflexionar.

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