miércoles, 27 de octubre de 2010

DOS LIBROS DE ANDRÉS ISAAC SANTANA

Por Suset Sánchez

Imágenes del desvío: La voz homoerótica en el arte cubano contemporáneo', libro de Andrés Isaac Santana, pone en entredicho zonas dogmáticas de la crítica de arte en la Isla.



Imágenes del desvío. Su primer libro. Publicado en el 2004 y presentado por Santiago Olmo en Casa de América en Madrid. Es una versión ampliada de su tesis de grado en la Universidad deLa Habana. Se trata del primer volumen dentro del marco de la ensayística cubana que aborda el tema del imaginario homoerótico y sus trayectos enfáticos en medio de una cultura homofóbica, heterosexual, monogámica y reproductiva.


Salvo escasos y elocuentes ejemplos, la literatura crítica cubana carece de un instrumental metodológico y de referentes analíticos certeros que posibiliten compendiar los trayectos de las representaciones homoeróticas. Por ello, la consumación editorial de un proyecto de investigación del crítico de arte Andrés Isaac Santana (Matanzas, 1973) en el libro Imágenes del desvío: La voz homoerótica en el arte cubano contemporáneo (J.C.SAEZ Ed., Chile, 2004), se convierte en un suceso importante para la renovación de los discursos sobre el arte cubano.

El volumen —prologado por el también crítico de arte Rufo Caballero— se inicia con un periplo analítico que debate los recorridos terminológicos y pone a discusión los modos históricos de enunciación del objeto de estudio del ensayo.

Por supuesto, ello conduce a la puesta entredicho de ciertas zonas dogmáticas de la crítica de arte en Cuba. Y también, de la postura institucional, frente al diapasón de construcciones visuales que en el arte cubano contemporáneo se refieren a la voz homoerótica, y cuyas disposiciones se reflejan en el texto de Santana. Aporta datos sobre ejemplos concretos, donde el poder del campo artístico ejecuta sus mecanismos de control e instaura marcas punitivas en la censura de obras, exposiciones y proyectos editoriales relacionados con este tema.

Los pasajes más inquietantes y valiosos de Imágenes del desvío… se hayan justo en aquellos momentos en los que el autor despliega el ejercicio crítico strictu sensu, para desarrollar análisis e interpretaciones que aluden a la construcción de sentido en la obra de relevantes artistas, como Servando Cabrera, Raúl Martínez, Rocío García, René Peña y Eduardo Hernández, entre otros muchos. En esos casos resultan sugerentes las relecturas que sobre esos referentes se realizan, para deconstruir las narraciones historicistas, según las cuales la historiografía artística oficial ha reconocido la existencia de algunas poéticas creativas en las últimas décadas en Cuba.

Los recursos investigativos y escriturales de Santana dan fe del cambio que se está operando en la joven crítica de arte, como resultado del trabajo y el consumo paulatino y serio de textos provenientes del campo de la teoría culturológica contemporánea. Aquellos que dotan a los investigadores de metodologías dinámicas e interdisciplinares de acercamiento a sus objetos de estudio específicos.

Tesis medulares de Jacques Lacan, Jean Baudrillard, y de otros teóricos imprescindibles dentro del panorama del pensamiento contemporáneo y el giro epistemológico, son tomadas como pretexto por el estudioso para crear una taxonomía desde la cual explicar regularidades en las representaciones homoeróticas, y que hábil e ingeniosamente detecta en los juegos especulares en los que se involucra el sujeto creador para sondear los discursos de la diferencia y cuestionar el propio estatuto representacional de la obra de arte como emblema moderno del saber; así como en la disección del sentido de una simbología fálica recurrente en la plástica.

Santana desarrolla un ejercicio escritural donde el vuelo literario posibilita la lectura serena de un texto denso, desde su estructura y contenido, y en el cual la creación de metáforas harto sugerentes contribuye a propiciar un paseo atento, pero disfrutable, por algunos de los paisajes más controvertidos e interesantes del arte cubano contemporáneo. Paisajes que aluden a la vocación reescritural y libertina de los creadores frente al proyecto teleológico de la nación.

'Una suerte de terquedad'

No se trata de un libro que se limita a enunciar las complejidades de una realidad artística que se sigue consumiendo oficialmente desde la mirada sospechosa sobre lo marginal, que encarna cualquier estatus de la alteridad. El ensayo describe y problematiza los recodos de una sociedad donde el modelo hegemónico falocéntrico, impuesto desde hace siglos, subsiste no sólo en los imaginarios de la censura oficial, sino como parte de los tópicos y los estereotipos de la conciencia popular, formalizada sobre un machismo y un enclaustramiento de lo masculino.

La construcción de la nación cubana se ha sedimentado sobre el prístino hecho de la dominación colonial, en tanto metáfora de una posesión carnal y sexual consumada en las plantaciones coloniales.

Allí donde el blanco copuló con la negra, sometiéndola a la fuerza, brotó el signo del mestizaje como índice transcultural de una sociedad. En un espacio donde la negra sedujo al blanco a tenor de la inversión dialógica de las canónicas relaciones de poder, surgió el sentido de una resistencia ontológica como defensa de patrimonios culturales y conductas que persisten en casi todo el Caribe. En cualquier caso, ya el predominio fálico mediaría en el conjunto de relaciones normativas de la cultura cubana, vinculada desde entonces a la herencia machista del Occidente moderno.

Luego, las sucesivas representaciones historicistas de acciones de rebeldía, colocarían al hombre como sujeto protagonista de actos de reconquista, en que un ideal vinculado a la fuerza varonil conduciría los designios del proyecto revolucionario que lograría un cambio social práctico.

No obstante, esa misma constitución de la norma "hetero" como axiología dominante en una nación donde el modelo de "hombre nuevo" se asociaría a conductas bravas, aguerridas y hasta cierto punto violentas, marcaría la impronta de una sociedad abiertamente discriminatoria frente a las múltiples voces de la alteridad, y especialmente configuradora de discursos homofóbicos.

Parecería que justo en la década de los noventa —bien tarde, si se piensa en la historia reciente de Occidente— se verifican en la Isla ciertos cambios en la epistemología oficial y popular en torno a los repertorios de la marginación. Mas dar credibilidad efectiva a tales mutaciones crearía una imagen falaz de una sociedad donde siguen siendo norma las manifestaciones abiertas y para nada disimuladas de homofobia.

Ya a mediados de los noventa se consolida un plural imaginario de representaciones que, tanto en las artes visuales como en la literatura, la danza, el teatro y, en menor grado, en la música, otorgan preeminencia a las voces y discursos emergentes de las denominadas "subjetividades laterales", y especialmente, de una conciencia homosexual.

En medio de esa constante marea de convencionalismos y reducciones de género, Imágenes del desvío: La voz homoerótica en el arte cubano contemporáneo, la reciente entrega editorial de Santana, es sin lugar a dudas —como lúcidamente expresa Caballero al final del prólogo— "una suerte de sanidad en un mundo de perdición; una suerte de terquedad en un mundo de exterminio". Es un ensayo para aquellos que busquen en la escritura crítica una narración que rete al pensamiento a la deconstrucción, y una prosa en nada complaciente con facilismos intelectuales.



Antología de textos críticos sobre arte cubano contemporáneo (años 90-2000). Editada por el sello CENDEAC. España.

Por Luis Francisco Pérez


Nosotros, los más infieles dibuja un mapa sociocultural de máximo rigor, donde se anudan teoría y crítica, ensayo y reseña, escritura de autor y estilos más ortodoxos. Todos comulgan, sin embargo en la necesidad de razonar, de pensar el proceso de la sociedad y la cultura cubana durante las décadas recientes, en forma de contribución acerca de una identidad punzante y robusta. En días de mundialización, la historia plural que cuenta este libro viene a ser una muestra de cómo engranar lo local y lo universal de modo orgánico y valiente. Para la memoria cultural cubana resulta un libro indispensable, pero a los ojos de cualquier lector, esta experiencia de orden y de interpretación debe suponer una fascinante aventura. El resultado es la más completa y múltiple de las antologías que sobre el arte cubano se hayan conformado jamás.

Puedes adquirirlo en: http://www.cendeac.net/publicaciones/libros.php?id=43


Comencemos por un lugar común, si bien necesario, para situarnos en el justo emplazamiento al que queremos llegar. Toda compilación es, en su más natural esencia, un “decirse” a sí mismo, una acción no desprovista de una determinada violencia blanca que el compilador se inflige a su propia inteligencia, como demostración de una determinada fe y honestidad, indispensables para hacer creíbles, en un exterior tan difuso como necesario, las tesis defendidas en la acción misma de compilar.

Igualmente no sería menor la urgencia de desplazar esa necesidad de “decirse” hacia el territorio, no tanto de la crítica y la denuncia, como el de mostrar, y demostrar, que la acción de “orquestar” (eso es en definitiva toda compilación) una serie de documentos escritos y teorizados por otros implica un gesto para nada sencillo: el de tomar partido, el de comprometerse.

Como bien dice Didi-Huberman, en su magnífico ensayo sobre Brecht, Cuando las imágenes toman posición, tomar partido, o posición, es situarse dos veces, por los menos, sobre los dos frentes que conlleva la acción de encararse ante una determinada realidad, puesto que toda acción electiva es fatalmente relativa.

Se trata, en efecto, de afrontar algo, pero también debemos contar con todo aquello de lo cual nos apartamos, lo no seleccionado, el “fuera de campo” que existe detrás de nosotros, que quizá negamos pero que, en gran parte, condiciona nuestro movimiento, por lo tanto nuestra posición, y consiguientemente nuestro “equilibrio”. De ahí el peligro de toda compilación: sitúa, a quien acomete la acción, en el frágil y movedizo territorio desde el cual atisbamos, en el productivo abismo de la duda, tanto el éxito como el fracaso.

Nosotros, los más infieles, es una compilación de textos críticos y teóricos en torno al arte cubano de los últimos quince años, realizada por Andrés Isaac Santana, y que lleva en su subtítulo la muy importante (más adelante explicaremos el porqué de esa importancia) y aclaratoria frase de “Narraciones críticas” sobre la producción artística de la Isla, así como de artistas cubanos fuera de ella.

Tanto el afortunado título (que potencia la cualidad ficcional de todo documento de cultura), como la no menos acertada aceptación de que se trata de “narraciones críticas” (que privilegia el deseo de que la compilación no abandone nunca su cualidad “artística”, o si se quiere, el mantenimiento de la idea que toda “verdad científica”, aún moviéndonos en la tan traidora como vistosa metafísica propia de la teoría del arte, debe su verdad a la fatal subjetividad de una narración, de un cuento) se unen para trazar un mapa de conocimiento, una cartografía donde “pasión” y “verdad” se conjugan para levantar un testimonio teórico, una narración crítica, en efecto, de la producción artística cubana (de dentro y fuera) durante el período histórico que se inicia con la constatación de que el muro de Berlín había caído para siempre (1993), y las primeras señales (2005) de que el capitalismo económico triunfador –en su voracidad y egoísmo brutales– se estaba devorando a sí mismo, arrojando impunemente a la miseria a millones de trabajadores, tal como podemos comprobar ahora mismo, tres años después de aquellas incipientes señales. En efecto, lo más hermoso y válido de las “narraciones críticas” y los “cuentos morales” es que nada es fortuito (lo parece, eso sí), y nada se deja al azar.

Por cierto, “azar” es uno de los muchos nombres que posee la idea ampliada de toda “verdad en arte”. No existiría ninguna “verdad histórica” sin la pulsión precedente de una “verdad cultural”, de una sospecha, de un indicio, de un ínfimo rasgo iluminador. Nunca, con anterioridad, una compilación de textos teóricos sobre arte fue, sin parecerlo, tan dialécticamente histórica, tan interpeladora de un determinado momento en el tiempo que, si bien se conocía “aquello que ya fue (1993)”, necesitaba del arte para atisbar “lo que indefectiblemente llegará (2005)”.

Nosotros, los más infieles (mil apretadas páginas sin ninguna concesión a la agradecida visualidad de la obra a la que estamos tan acostumbrados), reúne casi cien textos teóricos agrupados en ocho extensos capítulos en los cuales Andrés Isaac Santana abre caminos para situar ese ingente magma teórico dentro de unos cauces tan necesarios como subjetivos, tan indispensables como pasionales, tan rigurosos como caprichosos, tan “científicos” como “azarosos”, tan ficticiamente reales como ejemplos de una verdad ficticia.

Creo más oportuno detallar aisladamente algunos conceptos esgrimidos por el compilador que citar los títulos exactos de cada capítulo, si bien los sintagmas que a continuación vamos a enumerar vienen en defensa de esas “narraciones críticas” cuya importancia habíamos señalado con anterioridad. Así los hechos, en los capítulos citados nos encontramos con que la situación proyecta una “entrada al laberinto”, “una especulación cartográfica”, una “autonomía como espejismo”, unos “signos discursivos, construcciones y relatos”, unas “revisiones del mito”, unas “voces y subjetividades laterales”, unos “desplazamientos heterotópicos” con desviaciones en “insularidades y memoria”, o unos “descentramientos de representación y lenguaje”.

Si bien la mayoría de los textos están escritos, como no podía ser menos, por críticos y teóricos cubanos, también están presentes visiones “desde el exterior”, pero corresponde a la inteligencia crítica y teórica cubana lo mejor de la selección presentada. Desde el magnífico prólogo de Rufo Caballero, hasta los lúcidos y dolientes ensayos de algunos de los pesos pesados de la especulación crítica de la Isla, o de la diáspora cubana desperdigada por el mundo, tal serían los casos de Lupe Álvarez, Gerardo Mosquera, Magali Espinosa, Danny Montes de Oca, o el ya citado Rufo Caballero, autores todos de extraordinarias aproximaciones a la realidad artística cubana, textos algunos conocidos con anterioridad, pero no por ello menos admirables luego de una segunda lectura.

Si los nombres reseñados son todos ellos, en mayor o menor medida, conocidos en España para quienes seguimos la actualidad artística e intelectual cubana, no resultaría menos apropiado, por desconocidos e inesperados, leer otras muchas aportaciones que configuran el vastísimo panorama orquestado por Andrés Isaac Santana, máxime cuando desde este lado del Atlántico lo que se conoce del arte cubano es siempre aquello que –dirigido institucionalmente o no– sale al exterior, y no siempre con las mejores intenciones, ni con el mismo grado de honestidad. Caso aparte, serían los artistas cubanos que ya viven fuera de la Isla.

Junto a Fernando Castro, tuve el honor de presentar Nosotros, los más infieles en la librería del Reina Sofía de Madrid, y mi primera impresión del ambicioso ensayo (es básicamente un ensayo, más que una acertada e inteligente compilación) fue de envidia. No tenemos en España nada parecido (ni de lejos) al respecto, y que diera una cabal imagen de la producción artística española durante esos mismos años, no menos emblemáticos y decisivos por estos pagos, aunque únicamente fuera por derribar los falsos pedestales que siguen incólumes en el pánfilo acomodamiento burgués que domina la escena artística española contemporánea, teoría y crítica incluidas.

Dice bien Rufo Caballero en el prólogo: Nosotros… se burla de la pretensión de hegemonía a cualquier nivel. De hecho, se burla, con inteligencia sagaz, de muchas más cosas. Entre otras, por ejemplo, de la pobre falacia que supone creer, desde el mal llamado Primer Mundo, que aquí conocemos mucho –se diría que nos llega por ciencia infusa– de lo que ocurre más allá de nuestras fronteras. Una mentira más de las muchas que nos conforman. Nuestra ignorancia es tan arrogante como burda y letal. Leyendo detenidamente Nosotros… humildemente nos percatamos de ello. Humildemente también nos alegramos de que un libro tan decisivo para entender y calibrar el arte cubano durante los últimos quince años haya podido ser publicado por una pequeña editorial española.


Del autor:

Andrés lsaac Santana (Matanzas, Cuba 1973, actualmente trabaja y reside en Madrid). Crítico, ensayista e investigador de arte visuales. Graduado en Historia del Arte por la Universidad de La Habana. Autor del libro de ensayos Imágenes del desvío: la voz homoerótica en el arte cubano contemporáneo. Editado por J. C. Sáez Editores, Santiago de Chile, 2004. Corresponsal en Madrid de la prestigiosa revista latinoamericana ArtNexus y colaborador del suplemento cultural de ABC. De manera sistemática colabora con publicaciones especializadas en estética, pensamiento y arte contemporáneo como: Atlántica, ArtNotes, ArteContexto, Descubrir el arte, ABCDARCO, la Revista CURARE en México, Miembro del consejo editorial de la revista española Museomanía, Ha escrito introducciones a catálogos, un importante número de textos críticos sobre arte contemporáneo y artículos para libros sobre temas relacionados con sus áreas de investigación y escritura.





No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada