lunes, 3 de noviembre de 2014

SAMUEL FEIJÓO │ CUENTOS POPULARES CUBANOS DE HUMOR




El estudio de la literatura debe rebasar las fuentes de información que sean estrictamente literarias […] Hay que señalar en esa dirección las investigaciones folklóricas de Samuel Feijóo, realizadas con verdadera alegría de creador, que aclaran zonas de nuestro vivir que guardan profundas y soterradas relaciones con la poesía. 1

José Lezama Lima


Durante muchos años hemos recogido numerosos cuentos populares cubanos —entre otros materiales folklóricos—, recorriendo la Isla, desde la costa a la montaña, al llano al batey, al villorrio. Los hemos colectado de tipo y tema, desde el cosmogónico hasta el mitológico, pasando por todas las variantes conocidas de la narrativa folklórica mundial. 

En la presente edición —aumentada con centenares de nuevos cuentos— ofrecemos a nuestros lectores una antología del humor del cuento popular cubano. Relato generalmente breve, directo, creado aquí, en la Isla, por lo regular, o transformado, recreado al estilo cubano, cuando nos llega desde el humor cuentístico  universal. Claro que hemos sido nosotros los redactores; el cuento ha pasado por nuestro estilo de escribir, de boca del informante. Hemos salvado sus esencias, sus variantes lingüísticas, su naturaleza. Así hicieron en su tiempo Boccaccio y los hermanos Grimm; estos últimos tomaron del folklore la cuentística infantil, tal vez la más bella del mundo. Es decir, el escritor fija, a su manera, con sus aciertos, el disperso genio popular, y salva de las variantes fuentes orales sus victorias expresivas. Así los artistas toman del pueblo y consolidan a través de un estilo personal idóneo, la cultura nacional, de preciosas raíces gregarias.







Portada del libro Cuentos populares cubanos de humor”. Autor: Samuel Feijóo.
Ilustración de cubierta: Samuel Feijóo. Editorial Letras Cubanas 1981.
Foto cortesía de Jorge Mata.




Cuando publicamos Cuentos populares cubanos en 1960, en la editorial de la Universidad Central de Las Villas, Alejo Carpentier, entre otros escritores que se ocuparon del libro, publicó un articulo, «Mil y un cuentos», en el periódico El Mundo, el 10 de noviembre de 1960.

Aquel libro nuestro era una muestra general de la narración oral folklórica cubana: mitos, cosmogonías, cuentos de animales, fábulas prodigiosas, y muchos cuentos de la picaresca y del humor general cubano. De este libro inicial afirmaba Carpentier:

De «carreteros, macheteros, trovadores, carpinteros, vagabundos, marineros, pescadores de peje o de rana, donjuanes, borrachos, vegueros, monteros, cafetaleros, cargasacos, bembeteadores, leñadores, limpiabotas, cuenta- cuentos, chismosos, etcétera» —cito palabras del prólogo—, sale este asombroso libro de Cuentos populares cubanos que acaba de ofrecernos Samuel Feijóo, Director de Investigaciones Folklóricas de la Universidad Central de Las Villas.

Centón y repertorio, antología de mil y un relatos, es el tomo donde ha vertido su gracejo, su inventiva, su poder de sátira, su inconformismo o sus entrañables orgullos, el oscuro «cuentero» de caminos y esquinas, de guardarrayas o cafés pueblerinos, dado a hablar por hablar, a narrar por narrar, con jocunda sabiduría venida de lo hondo. Fábulas, apólogos, leyendas, chistes, sucedidos, porfías, historias de hombre y de animales, se suceden en la recopilación de Feijóo, contribuyendo al mejor conocimiento del alma profunda de  un pueblo todavía en proceso de creación de su literatura, de su poesía oral, como lo sigue estando para su música. Como en los tiempos de los «bufos cubanos», aparecen en la acción de los relatos —de las acciones contadas— los personajes  tradicionales del isleño razonador, del gallego cauteloso, del sentencioso guajiro, del negro ocurrente. No faltan las malas palabras, los retruécanos intencionados, los juegos de palabras de dudosas consonancias, en los discursos que ha apuntado Feijóo  —Algunas tomadas de viva voz, otros transcritos con ayuda de la cinta magnetofónica. Pero más allá del documento, de la anécdota , de la evocación de un consejo, surge algo que nos deja admirados y suspensos. Y es la remota ejemplaridad de conceptos, de ideas, de situaciones, reveladas en textos que, mostrando el caudal de sus herencias, se remontan a las fuentes más antiguas de la literatura folklórica de todos los tiempos. Bien nos advierte Feijóo que en los cuentos recogidos por él «se distingue algunas veces la transformación dada en Cuba a cuentos indios, europeos, africanos, árabes». Con la modestia que le es peculiar, prefiere dejar campo libre a los especialistas para determinar ciertas cuestiones de orígenes…

Seguidamente, Carpentier analizaba algunos cuentos, fábulas sobre todo, buscándole contactos internacionales, variantes.

Es bueno anotar que los presentes cuentos de humor cubano, una enorme porción ha sido creada aquí, surgida de la alegre imaginación del país, de los extraordinarios sucesos populares de nuestra tierra. Otras veces, estos han sido transformados. La cuentística oral surca, ondea por muchos pueblos. Y adquiere riquísimas versiones.

Carpentier, casi al final de su largo artículo, desliza un párrafo certero:

Samuel Feijóo hizo mucho más que regalarnos un extraordinario libro de cuentos criollos. Nos ha revelado cuán honda, universal, ecuménica, puede ser, en ciertos casos, la sabiduría de nuestros pueblos.

Aunque mucho de estos cuentos de humor se presentaron en aquella inicial recopilación, la mayoreaban otras fabulosas narraciones, que formarán parte de un voluminoso libro que preparamos.

Los ingeniosos, simpáticos, cuentos populares cubanos de humor, reflejan el poder por la sorpresa, la exageración, la picaresca, la agudeza del concepto, o bien la sátira que es útil, sana, correctiva, contra la tontería, la torpeza, la avaricia, etcétera. El modo de narrar, cerrado, sintético, que va al grano vivaracho, es de muy útil conocimiento para el filólogo y el antropólogo cultural, aun para el descifrador de la estilística. Por su modo de narrar se conocen también los pueblos, por los temas escogidos. El gran narrador ruso Máximo Gorki, al referirse al idioma de los cuentos populares, en su artículo «A propósito de los viejos cuentos» ha expresado: «Los cuentos populares pueden desarrollar la imaginación de los escritores, llevarlos a descubrir la importancia de la invención en el arte y, sobre todo, a enriquecer su vocabulario.»

Vocabulario amplio, rico, directo, colorido, vivaz y creador el de nuestro pueblo, siempre inventando frases de humor, dicharachos encendidos, vocablos de rara chispa, comicidades sin fin.

Se han recogido estos cuentos, conservando, pues el idioma y el acento populares. Cuidadosamente, les hemos dado la forma literaria. Entre los estilos de narrar, hemos hecho una síntesis flexible, que se debe al estilo popular. Sobre ello quisiéramos agregar que si bien seguimos el modo de narrar del informante, su jerga, la forma es nuestra-en-el-pueblo, gozosa es esa fusión viva.

Los hemos buscado, repetimos, por remotos lugares desde la playa salvaje, con su caserío de pescadores, hasta la tienda del callejón  valle adentro, desde el café barullento hasta la refresquera del poblado.

Muchos cuenteros se han apenado al principio, al instárseles a la narración abierta. Algunos tenían miedo a lo picaresco del asunto. Otros no valoraban lo narrado, y afirmaban que no sabían sino «ocurrencias». Otros eran supersticiosos, no querían grabar ni dictar. Pero por lo general, cuando les narrábamos algún cuento, de la picaresca popular o de hadas, se entusiasmaban, la contención quedaba rota por la campechanía campera nuestra, y los cuentos comenzaban entonces a ser dichos, con risa y bulla. (Es muy importante para ello el buen tacto del investigador, el humor, la natural asistencia cordial, el «sentido de la confianza» respecto a campesinos que jamás lo han visto y que tienden a desconfiar de libretas, plumas, grabadoras, cámaras de cine o de fotografiar. Generalmente, al cuarto día de estancia en la zona, después que se ha ganado la confianza de sus moradores, es cuando el investigador puede escuchar narraciones, leyendas, mitos, adivinanzas, el refranero, cosmogonías, grabar las músicas, entrevistar ante micrófonos, fotografiar las casas, los muebles, los murales, los vestidos, orquestas, danzas, etcétera).

Repetimos que andan por estas páginas breves cuentos universales, aquí transformados, cubanizados. Pero el gran mazo de relatos es criollo, originado aquí, festejado, festoneado y encacarajicado aquí, para alegría nuestra y de cualquiera.

Una advertencia a los pacatos y a los devotos de la moralina. Es esta: cualquier «mala palabra» o giro picaresco es lo usual en el folklore, tanto en Cuba como en todos los países del mundo donde esta valiosísima ciencia se ejerce. El folklore no se puede traicionar, desvirtuándolo.

Asimismo se avisa a los no entendidos, que cuentos donde isleños, chinos, guajiros, negros, norteamericanos, gallegos y curas salen graciosamente malparados, obedecen al estilo natural de narración jocosa del folklore universal. Es la sátira correctora, a veces muy cruda, pero así es. Más crudo son los cuentos sobre los isleños recogidos en las Isla Canarias, que aquellos anotados aquí. De labios de isleños y de guajiros hemos compilado una cuentística de sanísimo humor, entre risas mutuas. Nosotros hemos desempeñado severamente la tarea impuesta, tomando con fidelidad de boca del pueblo su cuentística, sin adulteraciones ni blandenguerías. Lo que narra el pueblo en su modo y estilo completo, lo recogemos sin «hermosearlo» traidoramente, sin «perfumar» su idioma vivísimo, sin mandar a la peluquería su expresión natural. Ello sería, además de traidor y anticientífico, un crimen contra la lingüística, la estilística popular, una mentira imperdonable, un atentado contra la legítima creación popular y su estilo verdadero, general, actual, por supuesto. Claro que la presente es una selección, y no una colección completa. Y que nuestra redacción —nosotros, hijos del pueblo, inmersos en su expresión— ofrece este tesoro de humor y de la fabulación cubana, al alegre pueblo que lo ha creado. Nuestra fidelidad a su estilo queda patente. Goce el lector y aprenda, pues así cuenta el pueblo cubano.

Samuel Feijóo






 Samuel Feijóo


Aventuras de Juan Quinquín.
Película basada en la novela Juan Quinquín en Pueblo Mocho
del escritor cubano Samuel Feijóo.
Es el tercer largometraje de ficción del cineasta Julio García Espinosa,
realizado en 1967.




Las hermosas palabras de Samuel Feijóo, han sido transcritas, tecla a tecla, de la edición original, volumen publicado en 1981, y corresponden al prólogo. Pensábamos escribir un texto de presentación para acompañar nuestro post, limitado -en principio- a compartir con todos ustedes algunos cuentos de humor compilados por Feijóo, en su largo trinar por los poblados, caseríos, tabernas y lugares remotos de la Isla, pero habríamos empañado su valía con nuestra vanidad. Quién mejor que Feijóo, para hablarnos de su labor monumental, la cual creemos no se le reconoce en toda su magnitud y grandeza. Este guajiro campechano, poeta, ensayista, narrador, editor, periodista, fundador y director de las revistas Islas 1958-1968 y Signos 1969-1985, dibujante, pintor, folclorista, atesoró nuestra herencia, un legado monumental e imprescindible para la cultura cubana. Su obra pródiga lo hace merecedor del edén de las letras cubanas, saboreando en paz «el champán en jícara»2 bajo una palma.

A continuación desde Tuyomasyo, compartimos con todos ustedes una selección de cuentos recopilados por Samuel Feijóo, en sus viajes por «remotos lugares desde la playa salvaje, con su caserío de pescadores, hasta la tienda del callejón valle adentro»3 por el corazón de Cuba y publicados en su libro “Cuentos populares cubanos de humor”, editado por la Editorial Letras Cubanas, en su colección Saeta.






EL GUAJIRO Y LA VACA PINTA

Un guajiro de mucha guayabera blanca llegó de visita a una casa y conversó, y cuando se fue a despedir dijo:
—¡Hasta otro día, si Dios quiere!
Salió y tuvo que atravesar un potrero, y una vaca pinta que estaba suelta allí le cayó atrás y lo revolcó y le dio unos tarrazos, y después lo meó y lo cagó. El guajiro se salvó de milagro y llegó a su casa con la guayabera blanca perdía.
Cuando el guajiro volvió a repetir la visita, al salir dijo:
—¡Hasta otro día, si Dios quiere!... —Y después se dio cuenta y dijo:
—¡Y la vaca pinta también!




EL NEGRO CREYENTE

Un negro salió a cazar palomas. Y salió con la promesa de cazar dos palomas, una pa él y otra pa San Lázaro. Entró por un monte y le salieron dos palomas. Jaló por su escopeta y tiró y tumbó una paloma.
Y el negro dijo, mirando pa la paloma que salió volando:
—¡Cógela, San Lázaro, que esa es la tuya!




EL GUAJIRO CON FE EN LA LOTERÍA

Un guajiro jugaba mucho a la lotería y compró una vez una hoja de diez pedacitos, y ya se creyó que tenía el primer premio en el bolsillo, porque le puso mucha fe al número.
El día que se jugaba la lotería se fue temprano pal pueblo, y antes de salir le dijo a su mujer:
—Si tú me ves llegar en máquina, bota tos los trastes viejos que tenemos en la casa, que me saqué la lotería.
Y se fue pal pueblo muy confiado.
Como a las tres horas, la guajira vio venir una máquina desde lo lejos, y empezó a botar tarecos loca de alegría, creyendo que su marido se había sacado la lotería. Rompía vasos y platos y sillas y espejos y to lo que tenía alante.
Pero lo que pasó fue que al guajiro lo había arrollado en el pueblo un carro y lo traían con las dos patas partías, y desde la máquina le gritaba a la mujer:
—¡Mujer, no botes na, que traigo las patas partías!
Pero la mujer ya lo había desbaratado to.







EL HIJO BLANCO DE FRANCISCO

Francisca dio a luz, y Francisco, de lo más contento, vino a ver a su hijo, y cuando llegó a verlo se encontró con que era un niño blanquito.
Entonces Francisco sospechó y le dijo a Francisca:
—Flancica, ¿po qué niño no é prieto iguá que tú y que yo?
Y Francisca le respondió:
—No sea bobo, Francisco, ¿tú no a bito cómo gallina prieta pone huevo blanco?
Y Francisco no dijo más na.




EL DEL MEDIO SOY YO

Según Antonio Díaz, un isleño vino de Canarias y se puso a trabajar con un tío. Al poco tiempo ya tenía bastante dinero ahorrado y compró una yunta de toros que era una maravilla. Entonces decidió retratarse con la yunta para darle una agradable sorpresa a su madre, que le escribía desde la Gran Canaria.
Al remitirle la fotografía, y por vía de aclaración, le puso en la carta lo siguiente:
«Por si no me conoces, el del medio soy yo.»




EL ANIMAL

Un americano comerciante vino a Cuba a hacer dinero, se fue al campo a poner una tienda, y la puso.
Pero fue tan bobo, que para ganarse la simpatía de los guajiros de allí, que eran candela, les abrió crédito amplio, hasta afuera.
Y los guajiros lo mordieron y no le pagaron na.
Y al americano se la arrancaron y quebró. Y se fue para su tierra con una mano alante y la otra atrás.
Y un hermano fino que tenía le oyó sus cuentos, y, como era cazador, le preguntó:
Oye, mi hermano, ¿en Cuba no hay animales caníbales y carnívoros?
Y el americano le dijo:
Allá animales que se comen unos a otros no hay, pero hay un animal que le dicen «guajiro» que ese sí come…, me comió la tienda entera…







EL PLATANAL

Un guajiro fue a La Habana y paró en un hotel, y estando allí contemplando asombrado la linda Habana por una ventana pa abajo, se emocionó tanto que le dieron ganas de ensuciar, y entonces empezó a buscar dónde hacerlo y con los dolores empezó a gritar, poniéndose las manos en la barriga:
¡Doy cien pesos por un platanal! ¡Cien pesos doy por un platanal!




EL GALLEGO DE LAS MEDICINAS

En Paso Real de San Diego había un gallego de ochenta años que le dio por tomar medicinas, las que fueran, para vivir muchos años más. Pero ligó medicinas que no le convenían a su edad y se ñampió. Entonces uno de la gente brava le sacó esta cuarteta para su tumba:

Aquí yace un español
En una caja de palo
Que murió sin estar malo
Por estar mucho mejol.




EL FIN DEL AMO CRUEL

El negro Francisco era algo rebelde, por lo que, constantemente, desobedecía a su amo don Ramón.
Don Ramón, cansado de regañar a Francisco, ideó la forma de castigarlo; para ello escribió una carta, la que dio al negro, para que la entregara al mayoral de la finca.
Francisco, obedeciendo al amo, llevó la carta al mayoral. Este, al leerla, azotó al negro, pues la carta le recomendaba dicho castigo.
Un día, al realizar un viaje don Ramón en unión de Francisco, tenía que cruzar un río y, al intentarlo se cayó del caballo y fue arrastrado por la corriente.
Don Ramón le gritaba a Francisco para que lo salvara. Pero el negro le contestó: « Cribí, cribí ahora pa mayorá.» Y el río se llevó a don Ramón.







EL GALLEGO INTELIGENTE

Un gallego iba caminando muerto de hambre y llegó al bohío de unos interesaos. Ya era la hora de almorzar, y cuando llegó ya habían almorzao y el gallego se quedó en blanco.
Dijo que no había almorzao y la gente se quedó como si na.
Entonces el gallego le dio un billete de cinco pesos a un niñito hijo del dueño y le dijo:
—Coge, pa que juegues.
Y cuando el dueño de la casa vio aquello, le dijo a la mujer:
—Coge, mata un pollo y haz un arroz con pollo, porque este gallego tiene dinero y lo podemos ordeñar un poco.
Y la mujer hizo un arroz con pollo muy bueno, y el gallego almorzó como un general y cuando acabó le dieron café y to. Y cuando al gallego se sintió satisfecho, se levantó del taurete y se acercó al niño que tenía el billete de cinco pesos y se lo quitó y le dijo:
—Dame el billete, que ya has jugado bastante.
Y siguió a viaje y se rió de los interesaos.




LOS SORDOS POR CONVENIENCIA

Un cura sospechaba que su monaguillo le robaba dinero del cepillo. Y cuando el monaguillo se estaba confesando, el cura lo aprovechó y le preguntó:
—¿Es verdad que tú te robas el dinero del cepillo del santo?
Y el monaguillo le dijo:
—No se oye nada desde aquí. ¿Qué usted dice?
Y el cura le gritó, más alto:
—¡Que si es verdad que tú te robas el dinero del cepillo del santo!
Y entonces le volvió a decir el monaguillo:
—¿Qué usted dice?... Aquí no se oye nada.
El cura, molesto, le dijo:
—A ver, vamos a cambiar a ver si es verdad. Entra tú, y yo voy pa fuera del confesionario.
Entonces el monaguillo le preguntó, gritándole:
—¿Es verdad que usted está viviendo con la hermana de Saturnino?
Y el cura le dijo al monaguillo:
—Es verdad lo que dices: ¡no se oye nada!




LA RESPUESTA DEL GUAJIRO

Cuando la Guardia Rural realizaba un recorrido por la sabana montada en sus gordos caballos, ve un campesino arando, atrás de una cerca.
Con un carácter muy jaquetudo le pregunta un rural, con mala idea, al arador:
—¿Hay muchos guajiro cabrones por esta zona?
A lo que el guajiro le responde:
—¡Había muchos, pero todos se metieron en la Guardia Rural!




 Samuel Feijóo


 
Portada del libro
“Vida completa del poeta Wampampiro timbereta”


SOBRE EL AUTOR

Samuel Feijóo Rodríguez. Escritor, Poeta, Periodista, Editor, Etnólogo, Promotor cultural y Pintor. Nació en San Juan de las Yeras, Las Villas, el 31 de marzo de 1914. Fue, sin dudas, el personaje más versátil de la cultura cubana del siglo XX.

De formación autodidacta, Samuel Feijóo comenzó a escribir y a publicar sus primeras narraciones y poemas con solo catorce años y ya se podía apreciar su inclinación por la recopilación y el estudio de narraciones populares.

En 1924 su familia se trasladó a La Habana, ciudad en la que completó sus estudios primarios en el colegio-internado Gertrudis Gómez de Avellaneda, en Jesús del Monte, y luego, en el colegio presbiteriano de La Habana, donde cursó estudios de inglés. Alcanzó el tercer año de bachillerato en el Instituto de La Habana.

Alrededor de 1930 comenzó a escribir sus primeros libros de poesía y narrativa, los cuales no publicaría hasta varios años más tarde. Sin embargo, colaboró asiduamente con varias revistas.
En 1943 conoció a su gran amigo Robert Altman y junto a Salomón Lerner integró un grupo que tenía como centro la pintura. Dos años más tarde viajó a los Estados Unidos y permaneció allí durante seis meses. Trabajó inicialmente en una fábrica de corbatas, en labores de diseño y luego en igual función en una fábrica de muebles, donde participó en una huelga por reivindicaciones laborales. Fue expulsado de la fábrica y enfermó de pulmonía. Durante este viaje logró perfeccionar su inglés y tradujo obras de Poe, Whitman, Elliot, Lawrence, Santillana.

Al regresar a Cuba se radicó en la casa de sus padres, quienes desde 1934 se habían trasladado a Cienfuegos. Durante esta etapa conoció a muchos de los integrantes del grupo Orígenes y publicó algunos poemarios suyos como Camarada celeste 1944, Aventuras con los aguinaldos 1947 y Beth-el 1949, entre otros.

En 1950 obtuvo la segunda Mención Honorífica en el Concurso Hernández Catá, con su cuento Alzamiento. En ese año fundó la revista Ateje, cuya existencia sería efímera por no contar con recursos económicos que le permitieran sostenerla. Conoció a Cleva Solís, con quien desarrolló una larga y hermosa amistad, y al pintor Jean Dubuffet. En esta etapa inició su colaboración con algunas de las más relevantes revistas cubanas, donde aparece recogida parte de su obra crítica y poética. Hacia finales de esta década publicó nuevos poemarios e inició su importante labor editorial en la Universidad Central de Las Villas «Martha Abreu», la cual comprende una gestión de publicación de libros y revistas que marcan un hito en esa dirección en la historia cultural.

La década del sesenta marcó una actividad casi febril de Feijóo, que lo consolida como una de las voces indispensables de la intelectualidad cubana. Al tiempo que publicó sin cesar poemarios, antologías de cuentos y tradiciones populares, o realizó exposiciones de sus creaciones pictóricas, mantuvo su labor al frente de la editorial universitaria, de las revistas que dirigía y viajó por varios países de Europa y Asia. En las décadas siguientes recibió numerosas condecoraciones y premios literarios. La Gaceta de Cuba le dedicó en 1974 un número especial por su sesenta cumpleaños.

Su extensa obra poética tiene, entre sus temas fundamentales, la belleza y el encanto del paisaje rural, así como una reflexión permanente sobre el ser humano y sus relaciones con el mundo. Sus textos poéticos alcanzan una gran intensidad, reconocida por algunas de las más prestigiosas voces de la cultura cubana; entre ellas las de Cintio Vitier y Virgilio Piñera. Estuvo vinculado al grupo Orígenes y fue colaborador asiduo de su revista.

Su obra narrativa está marcada igualmente por el ámbito rural, las tradiciones y el folclor campesino, así como por la mitología afrocubana. Destaca significativamente su novela Juan Quinquín en Pueblo Mocho (1964), llevada al cine unos años después, así como el volumen de relatos Cuentacuentos, que le valiera el Premio de Cuento Luis Felipe Rodríguez, de la UNEAC en 1975.
Posee una obra ensayística apreciable, en la que se destacan sus estudios sobre poesía cubana, fundamentalmente los dedicados al estudio y evolución de formas poéticas como la décima y el soneto.

Fue un estudioso apasionado del folclor cubano, tema que lo llevó a recorrer campos, pueblos y bateyes en busca de mitos, leyendas y tradiciones populares. Relevante es su recopilación de dicharachos, trabalenguas, refranes, adivinanzas, cuartetas, décimas antiguas e historias de campos, fruto de su laboriosidad etnológica. A ese afán, se deben textos sumamente valiosos e imprescindibles para el estudio de la cultura popular en Cuba, entre ellos El negro en la literatura folklórica cubana (1980), Mitología cubana (1980) y Mitología americana (1983).

Desde los años 40, se inició en la pintura, que tiene como tema fundamental el paisaje rural. Utiliza con frecuencia la acuarela por considerarla el medio exacto para lograr las «transparencias deliciosas del paisaje cubano», aunque su obra abarca óleos, temperas, dibujos, aguafuertes, caligramas, monotipias, entre otras técnicas. Participó en numerosas muestras colectivas, entre ellas 50 Años de la Revista de Avance, en el Museo Nacional de Bellas Artes (Cuba) en 1977; la I Bienal de La Habana en 1984; Künstler aus Kuba, en la Galerie Junge Künstler de Berlin en 1986 y Maestros de la Pintura Cubana, en el Centro Provincial de Artes Plásticas y Diseño de La Habana en 1991. En 2008 el Museo Nacional de Bellas Artes (Cuba) de Cuba organizó una gran retrospectiva de su obra plástica que, bajo el titulo de Un sol desconocido, reunió cincuenta y dos obras de sus diferentes etapas creativas.

Fundó y dirigió las revistas Islas 1958-1968 y Signos 1969-1985, en las que la plástica ocupó un lugar representativo y en las que desarrolló una importante labor editorial y de difusión de la cultura popular. Ejerció el periodismo en rotativos como El Mundo y Juventud Nacionalista, y colaboró con notables revistas culturales, entre ellas Bohemia, Carteles y Orígenes.
Falleció el 14 de julio de 1992 en La Habana, en el Hospital Calixto García. Fue sepultado el 15 de julio en la Necrópolis de Colón.


RECONOCIMIENTOS 

En 1989 fue trasladado a Cienfuegos por su hija. Allí se organizó un Homenaje y Coloquio Nacional por su setenta y cinco cumpleaños, donde recibió el reconocimiento de la Universidad Central de Las Villas.

Entre otras distinciones y reconocimientos, recibió la Orden por la Cultura Nacional, en 1981; la Medalla Alejo Carpentier, en 1982; y la Orden Félix Varela, en 1990. En el extranjero fue merecedor de la Medalla del Mérito Cultural, de Polonia; la Medalla 1300 Años, de Bulgaria y la Medalla 60 Aniversario de la Liberación, de Mongolia.
Llevan su nombre en Santa Clara la Escuela Profesional de Arte y la Casa de Investigaciones que, inaugurada en abril de 1995, realiza, promueve y coordina la labor investigativa relacionada con la cultura de la provincia, a la vez que trabaja en la profundización de los estudios vinculados a la vida y obra de Samuel Feijóo.




Portadas de la revista Signos”1969-1985.


OBRAS LITERARIAS

Gajo joven, 1938
Camarada celeste: diálogo con Ero, 1941
Infancia de la tataguaya, aventura con los aguinaldos, 1947
Concierto, 1947
Beth-el, 1949
Jiras guajiras, 1949
Poeta en el paisaje, 1949
Gallo campero, 1950
Libro de apuntes, 1954
Faz, 1956
Carta de otoño, 1957
La hoja del poeta, 1957
La alcancía del artesano, 1958
Diarios de viajes montañeses y llaneros, 1958
Violas, 1958
Poeta en el paisaje, 1958
Diario abierto. Temas folklóricos cubanos, 1960
Poemas del bosquezuelo, 1960
Haz de la ceniza, 1960
Azar de lecturas, 1961
Diario de un joven enfermo, 1961
Sobre los movimientos por una poesía cubana hasta 1856, 1961
Caminante montés, 1962
Mateo Torriente, 1962
Segunda alcancía del artesano, 1962
El girasol sediento, 1963
Cuerda menor, 1964
Juan Quinquín en Pueblo Mocho, 1964 (Novela)
Libreta de pasajero, 1964
Ser fiel, 1964
Tumbaga, 1964
Caracol vagabundo [s.a.]
Pleno día, 1974
Cuentacuentos, 1975 (Premio Luis Felipe Rodríguez, UNEAC,1975)
Cuarteta y décima, 1977
Viaje de siempre, 1977
Tres novelas de humor, 1977
Polvo que escribe, 1979
Cuentos populares cubanos de humor, 1979
El negro en la literatura folklórica cubana, 1980
Cuarteta y décima, 1980
Contactos poéticos, 1980
Del piropo al dicharacho, 1981
Vida completa del poeta Wampampiro Timbereta, 1981 (Novela)
Crítica lírica (t.1, 1982)
Cuentería, 1982
Sirindingo Pisingollo, 1982
Ser, 1983
Poesías, 1984
Crítica lírica, (t.2, 1984)
Festín de poesía, 1984
El saber y el cantar de Juan sin nada, 1984
Prosas, 1985
El son cubano: poesía general, 1986
Mitología cubana (Editorial Gente Nueva, La Habana, 1993)
Cuentos cubanos, 1995
Mitología cubana, 1996
Paisaje habitado, 1998
Oro en la loma, 1999
Mitología cubana, (2003)



BIBLIOGRAFÍA

Samuel  Feijóo. Cronología. Disponible en: http://www.cubaliteraria.com/autor/samuel_feijoo/cronologia.htm.
Datos generales Samuel Feijóo Rodríguez. Disponible en: «www.cenit.cult.cu».
Artículo La labor editorial de Samuel Feijóo en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas (1958-1968). María del Carmen Rodríguez Fernández (Fragmentos). ISLAS # 45 (135):117-144; enero-marzo, 2003. Disponible en: «www.cenit.cult.cu».
Artículo Casa Natal Samuel Feijóo (San Juan de los Yeras). Disponible en: «www.ecured.cu».
Artículo Samuel Feijoó Rodríguez. Disponible en: «www.cubanosfamosos.com».
Artículo Samuel Feijóo. Disponible en «www.lecturalia.com».

Información biográfica extraída de: http://www.ecured.cu/index.php/Samuel_Feij%C3%B3o

NOTAS

1.- Lezama Lima, José. Contraportada del libro “Mitología Cubana”, Samuel Feijóo. Editorial Letras Cubanas. Ciudad de La Habana, Cuba 2003.

2.- “El champán en jícara de Samuel Feijóo”, p.114. Bianchi Ross, Ciro. “Asedio a Lezama Lima y otras entrevistas”.   Editorial Letras Cubanas, La Habana Cuba 2009.

3.- Feijóo, Samuel. “Cuentos populares cubanos de humor”, p.9. Editorial Letras Cubanas. Ciudad de La Habana, Cuba 1982.




©Sobre los textos: Herederos de Samuel Feijoó Rodríguez.
©obre el texto biográfico: www.ecured.cu


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2 comentarios:

  1. Increíble las historias que juntó este hombre, chapo de verdad, un saludo desde España.

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  2. Geniales los cuentos, me gustaría saber más sobre este intelectual, donde puedo comprar libros suyos.

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