martes, 16 de diciembre de 2014

PEDRO PABLO OLIVA | TRES EN UNO


Por Catalina Herrera



Pedro Pablo Oliva

Fotografía cortesía de Silvia E. Oliva Sainz



«Un amigo me llama de Nueva York, me dice que me tiene que dar una mala noticia. Catalina Herrera, mi dulce amiga, acaba de morir.
La última vez que nos vimos fue en el hotel Roosevelt, en una visita de urgencia para disfrutar, entre otras cosas, de una exposición de René Magritte que mostraba el MOMA en ese tiempo.
Hablamos bastante. Me dijo que estaba preparando un pequeño libro de tres entrevistas a tres cubanos de las esferas científica, política y cultural. Que quería tres puntos de vista, desde tres sitios diferentes. Porque me decía existen tantas Cuba como profesiones, tantas Cuba como cubanos, tantas Cuba como clases sociales.
Al principio me bloquee un poco. Todavía arrastro algún vestigio de la Gran Utopía, pero tuve que darle la razón.
Me escogió sin permiso para formar parte de su pequeño libro. El proyecto quedó inconcluso. Es por eso que hago pública la entrevista. Ella donde quiera que esté, seguro me lo perdonará.
Nada que no haya dicho. Nada que no haya soñado.
Tal vez un poco más radical y pesimista».1



CH: Pedro Pablo, no eres un político profesional, no es tu perfil. Te prefiero creando imágenes tiernas, agresivas, críticas; dejando constancia de cuanto te interesa del mundo que te rodea. Pero también sé, que intelectual y cubano, intentas explicarte el mundo en que vives.
Nunca te has ido de tu país definitivamente. Lo tienes, es lógico, como tuyo… porque lo es. Eso ha merecido la admiración de muchos cubanos y extranjeros, aun teniendo situaciones complejas y difíciles por tu manera de pensar. Te oí decir una vez que te gustaba decir cosas desde adentro porque preferías correr todos los riesgos.

No quiero atormentarte. Sé que vives un tanto estresado por la enfermedad y que jocosamente le llamas “el colibrí que llevas dentro”, quiero hacerte solo tres preguntas.

Me mostraste algunos de los trabajos que estás haciendo, mayormente dibujos. Dices que no tienen para ti muchas aspiraciones estéticas nuevas, que son esa constancia que te acostumbraste a dejar en tu paso por la vida… 

¿Quién es “Utopito” y por qué llamas a esta serie Utopías y Disidencias?





Las extrañas divagaciones de Utopito, 2012
Fotografía cortesía del Artista



PPO: No sé quién fue el primer hombre que un día decidió disentir, que recogió los bultos y se separó de la manada, buscó otro camino en la selva, su camino. Donde quiera que haya sido y quien fuere, vaya mi homenaje y admiración.

Todas las ciudades están repletas de monumentos a hombres que de una forma u otra intentaron, y de hecho lo hicieron, cambiar el mundo. Lo mismo en Bombay, Madrid, China, Grecia o Nueva York.



Disidente, nuestro José Martí,

Adán y Eva,

el primer indio que dijo no a la imposición de una cultura o religión.

Disidente, María Teresa de Calcuta,

Jesús, hastiado de tanta ceguera,

Ghandi,

Pablo Picasso,

Nelson Mandela,

Antonio Maceo,

Gabriel García Márquez,

Carlos Marx,

Galileo Galilei,

Fidel Castro,

etc, etc, etc



Donde quiera que haya un hombre intentando cambiar el mundo, allí habrá disidencia.

Donde quiera que haya un pensamiento, una idea, una filosofía, cambiando nuestra mirada, torciendo caminos, habrá disidencia. Algunos lo olvidan. Pero todo ser humano vive inmerso en su utopía, en sus sueños porque no existen utopías sin disidencias. Ni disidencias que no tengan implícito alguna utopía. Disentir es una condición del ser humano.



Estos dibujos son la historia de Utopito, un cubano aparentemente tonto que cree en la transparencia de los discursos y en la libertad de la palabra. Duerme con fantasmas, proyectos de viejos sueños de un supuesto hombre nuevo. Ejercita con amor el camino hacia una filosofía del absurdo llena de contradicciones.



 
El Disidente, 2012
Fotografía cortesía del Artista



 No tiene una forma definida y posee el don de practicar cualquier oficio. Puede ser médico, mañana pintor, biólogo o funcionario, o tal vez, ninguna profesión. Su don natural es la oratoria y vive empecinado en contradecirse.

Dice que nada es cierto. Que todo es cuento, ilusión en la que se nos obliga a creer. Asume la sociedad como un enorme manicomio donde ni él mismo tiene la razón, influencias evidentes de una formación totalmente mediática y postmodernista.

Llega a ser desconcertante e incoherente y se apropia de cuanto texto, historia o chisme le interesa. Dice las cosas fuera de lugar, tenga que ver o no con lo que le rodea. A veces camina con brillante lucidez, más por casualidad que por raciocinio. No es partidista, ni siquiera profesa una religión y se empecina en demostrar que es un pinareño ausente.





Los extraños repudios, 2012
Fotografía cortesía del Artista




Pascual y Angulo son su compañía, sus socios, sus lugartenientes. Van aprendiendo y escuchando cada cosa que Utopito dice. Son el Sancho del Quijote o el Robin de Batman. Tal vez silenciosos informantes que lo cuidan de violencias o repentinos actos de repudio. Todo puede pasar, quizás por eso padece un dulce delirio de persecución que lo hace inquieto y evasivo.



Como padre he hecho lo imposible por llevarlo de la mano, pero se me escapa. No aspiro a que lo entiendan. Aprendí ya a respetar su extraño mundo. Me digo que también desde la locura tiene derecho a la utopía.





 

El gran apagón, 1994
 Fotografía cortesía del Artista




CH: Cuba está hoy inmersa en supuestos cambios con la nueva dirección del país, liderado por Raúl Castro, abandonando cierto inmovilismo y encerramiento que se arrastraba por más de 50 años. ¿Cómo ves los cambios? ¿cómo los valoras?



PPO: Cierto que están ocurriendo cambios. En un país donde casi todo estaba prohibido –menos hacer el amor- mover una ficha o dos, parece como si el mundo cambiara de repente de color.

Hoy muchas de las cosas que nos decían eran malas o deformantes, tergiversadoras en la formación de un hombre nuevo, no lo son. Ya el imperialismo o las sociedades llamadas clasistas parece que tienen cosas buenas. Pero esto no es solo un criterio mío, si hurgas o indagas en buena parte de la población, muchos, la mayoría, está decepcionado de cómo marcha el país.



Los cambios que se esperaban caminan con demasiada lentitud, y no por lentos están libres de torpezas y equivocaciones. Y el bolsillo del cubano sigue arrastrando la angustia de una economía casi inalcanzable para el trabajador que tiene que vivir de su sueldo. A mi entender hay una silenciosa y masiva decepción, generalizada, que raya en desinterés, y un grito de sálvese el que pueda, que encuentra alivio en la escapada definitiva o el milagro de las misiones. Del lobo un pelo.



Los que no pueden partir, viven acosados por el fantasma de la pobreza. No ya solo material, sino también espiritual. La decepción mata. No quiero parecer catastrófico, pero de nada sirven sindicatos que manipula y controla un partido, o este estimulando la crítica hasta donde le convenga.








Los extraños sueños de tío Alberto, 1997
Fotografía cortesía del Artista




 Los periodistas trabajan todavía con las manos semiatadas. El funcionario o dirigente no puede alejarse, perderse del hombre de a pie, porque los hombre de a pie sencillamente son los más y son los que menos seguro tienen su economía.



Hay que acabar de entender que la verdad solo se conforma con muchas verdades y eso solo lo logra el diálogo abierto, sin represiones, ni tapabocas.

El peor enemigo es quien más rápido descubre tus grietas. La sociedad, el proyecto social, está cosa, está cambiando, pero no logro intuir hacia dónde, ni siquiera vislumbrar si para bien o para mal. O si nos sorprenderá el próximo siglo moviendo alguna que otra ficha con soluciones ya más que viejas.



Estoy, te confieso, esperando que surja el líder, un líder que nos arrastre por algún camino. Alguien en quien creer, libre de antecedentes, alejado de viejos dogmas con otra historia, otra voz, otra claridad, otra utopía.



Por otra parte, no hay cambios hoy que no generan otros. Las diferencias sociales se sienten ya, hace rato. Diferencias que tienen su origen en espacios distintos:

El que tiene familia en el extranjero y envía las llamadas remesas.

El que tiene algún familiar cumpliendo misiones internacionalistas.

El que trabaja como funcionario o dirigente de una empresa.

El que ostenta algún alto grado militar.

O el que, vislumbrando las crisis políticos sociales, ha puesto sus desvíos y robos fuera del país.

Y muchas otras opciones que privilegian otra vida económica.

El que no clasifica en estos espacios de privilegios, corre la suerte de tener que inventársela en las más complejas y arriesgadas ilegalidades para sobrevivir.





Saturno enseñando a pasear a sus hijos, de la serie Saturnalias, 1991
Fotografía cortesía del Artista



Los privilegios cierran bocas porque generan temores, aunque sean pequeños. Nadie desea, ni quiere arriesgar sus pequeños o grandes privilegios. Se puede llegar a perder la estabilidad familiar y eso quiérase o no endulza la crítica y te pone un papel engomado en la boca.


Pudiéramos estar hablando horas de este tema. La gente cree hoy más en lo que ve, que en lo que le hacen soñar. Se debía implantar un día de puertas abiertas, donde se le permitiera a los periodistas publicar como viven nuestros más altos y medios funcionarios, dirigentes y altos militares. Cuántos carros tiene la familia, qué comen, cómo son sus casas, qué equipos tienen, cuánto gastan de electricidad, dónde están sus hijos, qué hacen dónde trabajan y si el sueldo les alcanza para vivir.



Hay una confianza perdida. Recuperarla es un acto que solo se logra con el desgarramiento. No hay transición que no traiga dolor interno, y esto solo se expulsa con la claridad que da un libro abierto.



Hoy todavía estamos con la inercia de una utopía perdida que se desvanece entre los dedos. Cuando despertemos recordaré mucho “El grito” esa obra maravillosa de Edward Munch.

José Martí lo sintetizó en aquella expresión genial: “Hijo, espantado de todo me refugio en ti.”




El inconcluso milagro del pan y los peces, de la serie Sillones de mimbre, 1998
Fotografía cortesía del Artista




CH: ¿Por qué insistes en la necesidad de un pluripartidismo en el país? ¿Qué te impulsa a negar lo que la oficialidad defiende y justifica históricamente?



Es que siento que va contra la vida natural y contra la misma realidad que el oficialismo defiende.



En tiempos de peligro, el hombre hace brotar desde su corazón un sentido de solidaridad que hace olvidar diferencias. Es una condición natural de la especie. Germina el más tierno y hermoso sentido del amor, pero no dejan de existir ni el egoísmo ni el miedo terrible a perder cuánto se posee.



Miro alrededor y escucho tantas religiones con una misma esencia de origen explicándose las mismas palabras y los mismos hechos de manera diferente y hablan del mismo Dios y de la misma espiritualidad.

No me cansaré de repetir que la más clara condición del ser humano es disentir.



No es que tenga como obsesión hablar del tema, pero me resulta contradictorio oír hablar de eliminar el falso igualitarismo y pretender imponer como sagrado e inamovible una estructura sociopolítica basada en la existencia de un solo proyecto de pensamiento y utopía. Nada hay más contradictorio que la creación y existencia de un solo partido cuando tantas personas piensan y son diferentes. El hombre por naturaleza necesita crear mecanismos o espacios que permitan el libre pensamiento, que le propongan trillos, caminos y avenidas para escoger. Un solo proyecto político que impulsa una sola propuesta de desarrollo económico social concede todo el tiempo del mundo a los que lo dirigen y permite indefinidamente soñar equivocarse, soñar, equivocarse y volver a soñar. En esos sueños va la vida de muchos que piensan diferente. Esto duele y desgarra.



Muchos de mis amigos, algunos de ellos dirigentes del gobierno, se asustaron cuando expresé que creía fehacientemente en la necesidad de la existencia de otro partido. Todavía se asustan y se llevan la mano a la culata de sus pistolas.

Entiendo que cada ser humano defiende aquello en lo que cree. Lo aplaudo, pero no al punto de caer en la absurda ceguera.




El gran beso de la Mina, de la serie Sillones de mimbre, 1997
Fotografía cortesía del Artista




 Ni la izquierda es monolítica, ni la derecha tampoco. Nunca dije que quería un partido de derecha, sino otro partido con otra propuesta socioeconómica, con otro espacio de diálogo, con otra visión del comportamiento humano. El miedo terrible a perder su estabilidad y privilegios, les aterra. Acaso perder lo que algunos llaman el poder de conducir y arrastrar a la manada.



Hoy a nivel mundial, no hay una propuesta social que satisfaga todas las aspiraciones del pueblo o las sociedades. Cuba no está exenta de ese grupo de países. La propuesta ideal, esa siempre estará por hacerse. Ni la derecha, ni el centro, ni la izquierda, resultan convincentes. Todo va tomando un matiz de extrañeza que solo logra insatisfacciones en unos u otros. La horrible pérdida de la confianza.

Nunca he pensado en un partido cuyos objetivos a lograr fueran hacer más pobres a los pobres y más ricos a los ricos. Eso solo se le ocurriría a un loco o a teóricos ciegos, desfasados de la realidad. Disentir es necesario, yo diría imprescindible. El maravilloso sueño desde otra propuesta.




 Las extrañas divagaciones de Utopito, 2014
Fotografía cortesía del Artista



Las sociedades, los sistemas son entes vivos que respiran, se alimentan, sufren, se enferman y mueren. Ríen y lloran. Se contradicen, se destruyen y se levantan un día con otro rostro hasta mejorarse.

No dudo que un día, como ya pasó, me acusen de incitar a la desestabilización social, a la violencia o a la desobediencia. Cualquier cosa puede pasar. El miedo crea inevitablemente fantasmas, engendros del hombre enfermo que ve enemigos en su sombra.



Tengo la convicción que la sociedad cubana abriga espacios diferentes que se impondrán por naturaleza. Puede parecer loco, pero no se puede por mucho tiempo pretender mantener un solo partido y hablar después de negocios privados.



Las nuevas generaciones traen la genética del cambio. La vida por suerte no es solo dinero y economía, sino también pensamiento.



Cambiar una o dos piezas trastorna, quiérase o no, toda la estructura a corto, mediano o largo plazo. En eso creo.



Donde quiera que esté mañana me echaré a reír, me echaré a llorar. Mitad risa, mitad llanto.








NOTAS:



1. Texto de Pedro Palo Oliva, extraído de la web del artista en: 
http://www.pedropablooliva.com/post/entrevista-a-pedro-pablo-oliva-tres-en-uno-18







Para más información sobre Pedro Palo Oliva, visite su pagina web en:
http://www.pedropablooliva.com





Desde Tuyomasyo agradecemos a Miguel Ángel Couret y a Silvia E. Oliva Sainz, por su colaboración y permitirnos publicar la entrevista de Catalina Herrera e imágenes de las obras de Pedro Palo Oliva que le acompañan.









































 










































































1 comentario:

  1. Lindo Post, Pedro Pablo sin dudas es uno de los grandes, gracias amigos. saludos

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