lunes, 30 de mayo de 2016

EDUARDO PONJUÁN | Bésame mucho



Por Corina Matamoros




Eduardo Ponjuán en la inauguración de su muestra personal Bésame mucho,
Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana
Fotografía cortesía de Jorge Mata



 Las primeras obras de Eduardo Ponjuán adquiridas  por el Museo Nacional de Bellas Artes datan de 1986. Veintiocho años después le es otorgado a este creador el Premio Nacional de Artes Plásticas. Y aunque no es el único artista coleccionado por el Museo merecedor de tan preciado lauro, sin dudas es un evento que reconforta la paciente, invisible y previsora labor curatorial. Es un logro del artista, de la mirada precoz que aquilató su obra, del Museo que entonces como hoy auspició, así como de la cultura actual, nutriéndose de una tradición viva en un certero acto de construcción patrimonial. 

Lo que nunca esperé fue que en el Museo preparáramos en 2014 una muestra donde Ponjuán fuera tan distinto, tan otro Ponjuán, siendo siempre el mismo. Aquellos dibujos de 1986 -realizados junto al entonces muy joven René Francisco Rodríguez, otro Premio Nacional- son cartulinas trabajadas con grafito donde se entremezcla una amalgama de temas e imágenes de alucinada fantasía. Scriptorium  y El tiempo que fluye a media noche son los elocuentes títulos de visiones enjaezadas con la mejor literatura. El propio Ponjuán se asombra hoy al evocarlas y las describe, con humor, como excesivas y barrocas, donde había de todo, como en botica. 




 Who cares. Esmalte y óleo sobre tela, 2014 
200 x 300 cm 
Fotografía cortesía de Jorge Mata



  
Han pasado muchas cosas en la trama creadora de este hombre ilustrado. De ello dan cuenta sus numerosas exposiciones, sus agradecidos alumnos, la crítica que hoy lo ensalza y la que lo silenció, sus hijos, sus amigos. Cuantiosas referencias e imágenes rastreables en catálogos y entrevistas nos harían evocar, por ejemplo, cómo el artista acostumbraba al uso de textos prolíficamente pintados sobre el lienzo; incluso a lienzos donde solo aparecía pintada una palabra, hecha con idéntica parsimonia que la demandada por un paisaje, un retrato o por cualquier otro género tradicional. O sus elaborados y elegantísimos libros-objetos e insólitas esculturas.


Quiero, sin embargo, enfocarme en su ahora. Veo hacerse los amplios lienzos de esta nueva muestra en su apartamento, mientras el calor de agosto abrasa y las niñas están de vacaciones, descalzas, jugando en el piso fresco. Quiero comprender cómo este hombre, el pintor más “literario” que he conocido, se ha despojado cada vez más de toda imagen, como quien se desnuda, y se adentra en las aguas profundas de una aparente nada.

Hiperrealidades se ven en estos lienzos: una hoja de papel rayado esperando una caligrafía que no llega; un pos-it en blanco, un negativo Polaroid, el rasgón de una hoja, el reverso de una postal sin dirección ni dedicatoria, tres hojas vacías… Hay aquí soledades, vacíos, despejes. Hay un pintor que huye hacia el límite de la representación por el camino de una profunda depuración de las imágenes. Con ilusionismo voraz, minucioso, insólito, nos hace percibir estas cartas y postales desnudas, convertidas en formato de vectores para el diseño mayor del cuadro. Lo hace como si se tratara de un diseñador gráfico, simplificando formas, llevándolas hasta la mayor ausencia de detalles posible; hasta donde lo admite una pintura que quiera representar, simular a la perfección el “falso absoluto” de las cosas -puedes tocarlas de tan vívidas- para dejarnos esta emoción escurridiza e imprecisa de soledad, de despedida, de desamor.




 45 RPM. Acrílico, esmalte y óleo sobre tela, 2014
200 x 300 cm
Fotografía cortesía de Jorge Mata


 Ponjuán parece haber recorrido todos los caminos de ese diferendo ancestral entre dos poderosos contendientes: palabra e imagen. Cada época, cada personalidad creadora le ha proporcionado matices propios y él no ha cejado en tantear los suyos. Ya nos había demostrado sobradamente que toda escritura, toda palabra, puede ser leída finalmente como imagen. No hay más que deleitarse en su obra Utopía: un conjunto de seis lienzos de mediano formato que forman las seis correspondientes letras del título, con el añadido simbólico de pintarlas según los caracteres del alfabeto cirílico. Lo que  hoy nos traen los lienzos de Bésame mucho son  otros matices del citado diferendo histórico: se trata de que más allá de esa ductilidad del texto para ser leído como imagen se puede constatar también, en las nuevas piezas, cómo participa la imagen pictórica de la lógica lingüística.


A la larga, el artista ha probado toda la línea de fuego entre signo pictórico y signo lingüístico. Y seguramente ha comprobado, con tácticas y estrategias muy distintas desde que comenzó a crear - como variables han sido en la historia de las artes y el pensamiento- cuán inconstantes pueden ser las fronteras de esta guerra, cuántas paces y altos al fuego pueden negociarse y cuánto se necesitan entre sí estos supuestos contrarios, siguiendo la lógica de W. J. J. Mitchell.

Cada una de las distintas respuestas que ha dado el artista a esta disquisición en su trabajo está asociada a una operación  de estirpe conceptual,  amparada en un pensamiento teórico-cultural muy bien estudiado y asumido en el arte cubano de las últimas décadas. Por eso, aunque tan distinto, es el mismo Ponjuán de siempre: un artista prendado de la sorprendente reversibilidad pictórico- lingüística.

Bésame mucho - pareciera decir el creador. No me reproches este abandono de las imágenes; déjame desmochar con furor estos lienzos como arbustos venenosos; déjame sentir el vértigo al borde mismo del abismo y presentir, allá en el fondo, “como si fuera esta noche la última vez…” el río abstracto de la pintura.
Déjame elegir símbolos, cualquiera de esos simplísimos que puedo insertar con un clic de mi laptop, y magnificarles el despojo impersonal hasta que destilen sus soledades prêt à porter. Déjame hacer con ellos, que nada dicen, una línea de silencio que pueda leerse como memoria.
Bésame mucho por esta anudada emoción que arrastro. Escucha ese sensual bolero que obligo como un Sísifo su piedra y convierto en partitura metálica, de pared a pared, para que persista y dure siempre, como la música escapada de la victrola que escuchaba cuando niño. Permíteme por hoy que la canción tan recordada sea un simple y callejero tendido eléctrico. No diré más: solo bésame mucho.

Añadiéndose a esta ya sustanciosa peculiaridad creadora, otra línea de fuerza cruza el conjunto de piezas exhibidas en el Museo Nacional. Consiste en esa disyuntiva entre lo que el artista muestra y lo que guarda; entre lo que quiere compartir y lo que reserva para sí. Se trata de una nube densa donde cuaja la sensibilidad personal por cohabitación de emociones, memorias, objetos preferidos, métodos de trabajo y decisiones de poética. El lugar donde fragua la cifra del creador.



 Vista general de la muestra
Fotografía cortesía de Jorge Mata


 En la instalación Unmonumental -título en inglés de un libro sobre esculturas hechas con materiales informales- Ponjuán nos permite por un momento atisbar algo de esa nube donde apreciamos, entre otras cosas, la única foto que guarda de su abuela, los dibujos sobre cartuchos que le recuerdan los realizados durante su infancia, la piedra que lo acompaña siempre, el plano de la instalación eléctrica de su departamento o la base de una escultura de Loló Soldevilla encontrada casualmente en un basurero. Unmonumental es una ventana interior, organizada según ese desvariado monólogo que un individuo  va sosteniendo con su propia vida.

El monumental ascetismo lingüístico y formal de los amplios lienzos y de la instalación Bésame mucho, acoplados en una misma sala, parece alcanzar su efusivo desagravio en el desborde emocional de esta pieza-vitrina, dispuesta en solitario y alejada de lo grandilocuente, que el artista nos ha dejado ver solo por esta vez, colmada de esos pequeños y humildes objetos que arrastran las memorias.






   Septiembre 2014




Otras obras de la exposición



 Bésame mucho. Instalación, dimensiones variables, 2014
Fotografía cortesía de Jorge Mata








Unmonumental. Instalación, 2014
240 x 646 x 60 cm
Fotografía cortesía de Jorge Mata



 
    

 Stick notes. Óleo sobre tela, 2014

200 x 200 cm
Fotografía cortesía de Jorge Mata


 



  

 Imágenes generales

Fotografía cortesía de Jorge Mata



Desde Tuyomasyo agradecemos la ayuda brindada por Corina Matamoros y  Eduardo Ponjuán, para la realización de este Post.




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