lunes, 13 de junio de 2016

WIFREDO LAM EN EL REINA SOFIA



 Autorretrato, II 1938.
© Wifredo Lam, VEGAP, Madrid, 2016
Imagen extraída del plegable de la exposición


Wifredo Lam ocupa un lugar paradójico dentro del arte del siglo XX. Su obra es fruto de la circulación de ideas y lenguajes; del deseo de configurar un medio singular y propio desde el que tensionar y desestabilizar las certezas y categorizaciones de cualquier signo. Abre, de esta manera, una brecha en las lecturas lineales de la modernidad eurocéntrica, proponiendo un relato divergente y ecléctico, que invita a la reconsideración constante de su práctica y de las reducciones binarias centro-periferia.

Nacido en Sagua la Grande, Cuba, en 1902, se traslada a España en 1923 con una beca para estudiar en la Academia de Bellas Artes de Madrid. Su trabajo se impregna de referencias plurales, fruto de una mirada atenta al contexto, desde los maestros del Museo del Prado en primera instancia, hasta las formas del expresionismo alemán y la vanguardia de Pablo Picasso, Juan Gris, Henri Matisse o Joan Miró. Mantiene, sin embargo, cierta distancia respecto a estos movimientos, situándose en un espacio personal desde el que problematiza los lenguajes y motivos europeos. Trabaja con el papel de manera predilecta y sus formas inician un camino de simplificación y depuración desde planteamientos iniciales más clásicos.




 Wifredo Lam ante una de sus obras de la serie Brousses en su taller de Albissola, 1963
Imagen extraída de: www.museoreinasofia.es


Interesado también por las cuestiones sociopolíticas que le rodean, las relaciones de dominación y las lecturas marxistas, incorpora figuras y escenarios sociales como en Campesino (1926) o Campesina castellana (1927), y entrada la década de los años treinta, se compromete con la causa republicana. A esta conciencia crítica se le suman crecientes inquietudes en torno a la realidad colonial y su integración en diversas estructuras como la social o la artística. Poco antes, sufre una de las mayores tragedias personales: su esposa, Eva Píriz, y su hijo fallecen de tuberculosis. Estos acontecimientos se traducen en dos autorretratos, uno de ellos presentado en esta muestra –Autorretrato, II (c.1938)–, que reflejan una severa esquematización de los rostros devenidos en óvalos monocromos. Un lenguaje expresionista con el que trabaja la noción de máscara, de identidad en conflicto y psique fracturada.

En mayo de 1938, el devenir de la Guerra Civil lo fuerza a un exilio en París, donde conoce, aconsejado por Picasso, la estatuaria negra del Musée de l’Homme. Dos años después, debido a la ocupación de París por las tropas alemanas, se ve obligado a un nuevo éxodo y se dirige a Marsella. Allí coincide con André Breton y parte del círculo surrealista, que despiertan su interés por las prácticas colectivas y automáticas (cadáveres exquisitos, dibujos colectivos, cartas del Jeu de Marseille [Juego de Marsella]). Lam participa de estas sesiones y realiza numerosos cuadernos de dibujos a tinta china con figuras híbridas que anuncian las obras de la vuelta a Cuba. 




 Vista general de la exposición
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid
                                            Imagen extraída de: www.museoreinasofia.es



En 1941, con el ánimo mermado tras dos exilios, emprende una vuelta a su país natal. La Cuba del régimen de Gerardo Machado, marcada por la precariedad, la corrupción y el racismo, le decepciona profundamente y le lleva a entrar en contacto con la escena artística e intelectual de la isla para construir un relato divergente de la identidad cubana. Comparte con Lydia Cabrera, Fernando Ortiz, Virgilio Piñera, José Lezama Lima y Aimé Césaire el deseo de trazar nuevas narrativas y resistirse a retratos impositivos, planteando una modernidad “otra”. Lam toma de Fernando Ortiz el concepto de “transculturación” desde una perspectiva plástica, definiendo su pintura como “un acto de descolonización”. Reivindica, de esta forma, la pluralidad y el cruce de culturas que constituyen la identidad colectiva de la isla y también la suya personal, ambas inestables e híbridas. María Zambrano identifica en sus obras de los años cuarenta, como en El sombrío Malembo (1943), La luz de la jungla (1944), Oyá, divinidad del aire y de la muerte (1944) o El rumor de la tierra (1950), una sensibilidad musical y órfica, dominada por figuras cada vez más esquemáticas con las el artista desvela y recoge el ritmo, el rumor y el silencio inquieto bajo la aparente calma de la naturaleza tropical. Reaparece la dialéctica de la máscara, la tensión entre lo visible y lo invisible, entre las lecturas impuestas y las reivindicadas.







Vista general de la exposición
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid
Imagen extraída de: www.museoreinasofia.es



A partir de 1952, a medida que su repercusión internacional crece, el artista emprende una serie de viajes y vuelve a instalarse en París. Las exposiciones internacionales se multiplican, sobre todo al lado de los artistas de CoBrA, que le presenta su amigo, el artista Asger Jorn. La espontaneidad, la dimensión colectiva y el interés de este grupo por el arte popular, lo llevan a confrontarse con nuevos materiales, como la terracota, medio que le seduce por la liberación espontánea que procura y la intervención del azar en el proceso de creación. En 1954, junto con Asger Jorn, conoce la población italiana de Albissola, importante centro de producción de cerámica, donde en 1962 compra una casa en la que residirá regularmente hasta el final de su vida. Durante el año 1975 realiza unas trescientas cerámicas, cuyos símbolos remiten a sus obras plásticas y comienza a trabajar en su obra autobiográfica El nuevo Nuevo Mundo de Lam, que mostrará en 1976: una cartografía de afinidades poéticas y sociopolíticas, que refleja el rico abanico de referencias y lenguajes, y la determinación de hacer con ellas un discurso personal. Trabajador infatigable, su vida se extingue en 1982, tras haber terminado los grabados para su último libro de artista, L´Herbe sous les pavés, sobre un texto de Jean-Dominique Rey.



 Sin título, Cerámica realizada en Albissola, 90 cm de Diámetro. Italia,1977
Colección Claudio Ferrioli
De la muestra “Lam eres imprescindible”, Kcho Estudio Romerillo Laboratorio para el Arte. 2014
Imagen por cortesía de Jorge Mata



Texto extraído de: www.museoreinasofia.es

Wifredo Lam en el Reina Sofía
Desde el 6 abril  al 15 agosto, 2016
Edificio Sabatini, Planta 1



 

Vista general de la exposición
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid
Imagen extraída de: www.museoreinasofia.es



Organización:
Centre Pompidou, Musée national d’art moderne, París, en colaboración con el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid y Tate Modern, Londres

Comisariado:
Catherine David / Manuel Borja-Villel (comisariado de la exposición en Madrid)

Itinerario:
Centre Pompidou, París (30 de septiembre de 2015 – 15 de febrero de 2016); Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid (5 de abril – 15 de agosto, 2016); Tate Modern, Londres (14 de septiembre de 2016 – 8 de enero de 2017)





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